Archivo de la categoría: Crónica TV

Los idiotas del pueblo – P’tit Quinquin Parte 1: La bête humaine (Bruno Dumont, 2014, Francia)

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El escudo de Arquíloco (o la ética de la deserción)

  • Sandor Clegane, el Sabueso (Rory McCann) es uno de los personajes que más impacta del infinito elenco de Game of Thrones. Es simple: el hombre es una bestia, y de eso se gana la vida. Un veterano de guerra con la mitad del rostro deformado por el fuego, cuyo único deseo es dar la muerte; cuyo único talento es hacerlo. Se entiende por qué sirve a esa casta ponzoñosa y revulsiva condensada en el insoportable Rey Jeoffrey, un psicópata malcriado. La guerra lo ha despojado de su humanidad, y sólo queda ocupar el lugar del asesino, del que no espera amor ni lo dará.
  • La batalla lo devuelve a su origen: los cuerpos prendidos fuegos, los hombres muriendo por amos ingratos, la nada misma de la guerra que devora vidas como construye imperios. Eso que hoy llamamos stress post-traumático lo devuelve de alguna manera a sí mismo, y como Arquíloco de Tasos, deserta de la batalla para seguir vivo. Su renuncia es todo un manifiesto político: cuando el monarca le ordena que vuelva a combatir hasta la muerte, el Sabueso le responde: Fuck the King. El asesino le dirá a la futura reina, antes de partir hacia el norte “donde no hay fuego”: todos son asesinos porque sin asesinato no hay base para el poder.
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Un culebrón imperial

El soldado William Mason (Thomas Howes) sacrificándose para salvar a su Capitán Matthew Crawley (Dan Stevens). Downton Abbey (2da temporada,  Capítulo 5 – August: 1918).  Carnival Films.
  • Para la 2da. Temporada de Downton Abbey, la serie británica ha demostrado no ser otra cosa que un culebrón que no se ahorra – casi – ninguno de los recursos clásicos e iterativos de las telenovelas. La engañosa diferencia la da una producción lucida – y millonaria -, pero a nivel de relato los personajes están tan estancados como las actuaciones, y si bien el cercano fin de la Guerra – y sus consecuencias – nos dan una pauta del paso del tiempo, todo sigue más o menos igual para sus señorías, sus criados y ocasionales visitantes. Pero lo interesante no es lo que la serie muestra, sino lo que intenta ocultar y no puede.
  • Desde un principio se notaba una visión condescendiente- liberal hacia la aristocracia – el buenudo Lord Crawley (Hugh Bonneville) – y su relación con los criados. Esa asepsia ideológica en tono Eduardiano es tan conservadora como reaccionaria. Lo que se quiere evitar es directamente la política, porque esta última lleva a la lucha de clases y, después de todo, los criados también son personas y tienen que trabajar. ¿Por qué darles la pesada carga de la rebelión?
  • La aparición de la política siempre está relacionada con la violencia o es sancionada moralmente: los mítines de las sufragistas llevan al desorden; el chofer irlandés y bolchevique apoya la ejecución de los zares y quiere llevarse a una de las hijas del Lord; la criada contestataria que quiere otra vida termina como madre soltera y pobre, por no poder negarse a sus impulsos con un oficial del ejército, y así.
  • Basta ver las escenas donde aparecen los mutilados de guerra para destruir ese mundillo de tranquilidad se apoya sobre la sangre y el barro. Un velo para la Inglaterra de Cameron: sin revueltas, sin guerras, sólo la verde y melancólica campiña inglesa.
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El regreso de los dragones

  • El suceso de Game of Thronesadaptación de la saga de George R. R. Martin – tiene que ver con varios factores, desde la calidad de producción hasta la renovación de la épica del siglo XX post-Tolkien, post-Lewis – incluyendo a Le Guin, Asimov, Lucas, Bodoc – La matriz mítico-cinematográfica en ese nuevo soporte que es la televisión en tiempos de Internet, sumado a las lecturas político-ideológicas es lo que permite al ¿género? gozar de un éxito expansivo y justificado más allá del mero dispositivo mercantil.
  •  La saga es reformulada cinematográficamente 15 años después de su primera aparición literaria. Tenemos la lógica histórica medieval-europea: el intento – fallido – de recomponer la unidad geopolítica imperial construida durante siete siglos por Roma. El resultado es una serie de reinos, nacidos de la fragmentación, siempre en pugna, pretendiendo convertirse en la nueva corona unificadora del mundo perdido. Feudos, bárbaros, dragones, lo desconocido – lo monstruoso -. Varios puntos que amenazan con unirse de formas inesperadas. Tal expectativa es la que impulsa y sostiene el relato.
  •  El relato  – una de sus posibilidades – se parece hoy demasiado a la situación de la UE: un montón de naciones otrora imperiales, luchando por gobernar a las demás, confiadas en los muros que detienen a las bestias, con los bárbaros siempre acechando. Y los dragones que regresan. Esos dragones parecen ser la clave ¿se trata de la vuelta del poder fantástico, de una verdadera imaginación política efectiva? ¿O son los viejos monstruos que nacen al calor del fuego de las hogueras encendidas por fanáticos y  siniestros? Mientras todos se distraen con traiciones palaciegas, los dragones crecen. Y ya se sabe: son carnívoros.
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El Imperio explicado según el Orden Geométrico

  • Ese ocaso melancólico post-victoriano conocido como Período Eduardiano está contenido en la poesía visual que nos introduce al mundo de Downton Abbey. Un mundo de sirvientes y aristócratas que siguen su ballet de rigidez elegante y pacífica, una burbuja ingrávida y gentil a punto de estallar. Debajo de toda esa escena perfectamente arreglada hasta sus más íntimos detalles, corre la rabia y la furia de un país imperial, hecho a base de sangre, conquista y explotación. Pero que no se note.
  • Lord Crawley inicia su día de la peor manera: sus dos herederos han muerto trágicamente en el Titanic. La sucesión corre peligro, su cinismo – casarse con una neoyorquina millonaria – ha devenido romance, sus planes se derrumban. Sólo queda un heredero: un sobrino lejano que – ¡horror! – es abogado empresarial. Se sabe, el trabajo está mal visto entre aristócratas. Es 1912, y el hundimiento del barco anuncia la tragedia por venir, el fin de ese mundo. Dos años después comenzará esa caída del dominó imperial llamado 1ra Guerra Mundial.
  • Las cartas son puestas sobre la mesa: personajes entrecruzados en alianzas, enemistades, odios y amores sublimados. Como en Gosford Park, el mundo de los sirvientes sirve de ventana al orden de los amos, nos es explicado gentilmente, vemos cómo las desigualdades y las competencias se reproducen en el subsuelo. La servidumbre tiene la ventaja de estar en todas partes todo el tiempo, le es posible conectar los puntos, armar el puzzle, informarlo a sus dueños. Pero algo amenaza el orden: John Bates (Brendan Coyle), tullido veterano de la Guerra Bóer, excamarada del Lord, debe lidiar con el desprecio de amos y sirvientes. Su falta: la herida no le permite ser eficiente. Sin embargo, entendemos que su rol pasará por ser nuestro guía, destejiendo ese mundo que está por derrumbarse.
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