Archivos Mensuales: noviembre 2013

Recordando al Viejo: entrevista a Patricia Breccia

La década del ’60 es conflictiva, ya que por una parte significa la crisis de la industria de la historieta y por otra, el momento en que tu padre se consolida como autor. Es en ese momento que en sus entrevistas se auto-construye, de alguna manera, como autor de historieta.

Sobre todo a partir de Mort Cinder, que es un antes y un después. Pero venía laburando desde hacía años.

Pero Mort Cinder es distinto a todo lo demás. Uno lo compara con las otras cosas que aparecían en Misterix y está en otra dimensión. Tal vez el único que tenía un rasgo distintivo de ese nivel era Arturo del Castillo.

Mi viejo ya se perfilaba para ser otra cosa. No era el dibujante común de esa clase de revistas, tal vez más convencionales.

A mí me llama la atención que tu padre podría haber prescindido tranquilamente de la experimentación. Sin embargo, por lo que él mismo reconstruye como experiencia, Mort Cinder es algo casi biográfico traficado en ese género medio fantástico, escrito por [Héctor] Oesterheld.

Yo creo que ahí se larga mi viejo, es una explosión y sale el verdadero dibujante. Tal vez antes estaba más contenido por los editores, o por otras cosas. Pero en Sherlock Time ya había empezado con una veta diferente.

Sherlock Time era una historieta del tipo industrial, pero ya hay un indicio sobre cómo tu padre desde la puesta en página da cuenta de una consciencia de la historieta como lenguaje. Pero había que animarse a hacer eso…

Ya desde “La gota” se perfila como lo que va a ser. De a poco, porque había límites editoriales, pero lo va haciendo. Había alguna cosa en Vito Nervio también ¡porque era mi viejo! Por más que estuviera encajonado en las exigencias editoriales, por algún lado le salía. Cositas que se van acrecentando en Sherlock Time, y aún más en Mort Cinder y después no paró más. Fue en picada para arriba.

La entrevista completa, en Entrecomics.

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Recordando al Viejo…Entrevista con Juan Sasturain

Mort Cinder se realiza en plena crisis de la industria editorial, y en plena crisis personal. ¿Hubiera sido posible sin esas crisis?

Es personal, podría haber hecho otro dibujo ahí. Eso es por propia calentura.

Uno mira una Misterix, y Mort Cinder no tiene nada que ver con la revista.

¿Y vos te pensás que a la gente le gustaba Mort Cinder?

Probablemente no, es muy extraño. Me llama la atención ¿era necesario hacer lo que hizo?

¡Pero para nada, eran cosas de él!

Ud. sostiene que funda una nueva manera de mirar. Si hay algo así como la historieta de autor, diría que tiene que ver con ese núcleo artesanal que existe y que resiste dentro de un circuito industrial. Siempre hay un grado de entropía entre lo que se produce y lo que sale impreso, ¿entonces por qué insistir en hacer eso?

Ahí lo único que lo define es la pasión. Es que, a diferencia de los que pasa 10 años después, está laburando para sí, no para un mercado. Los ciclos de Alberto son cada 10 años. El recibe ¡por primera vez! una devolución acorde con lo que hacía de parte de [Óscar] Masotta en el ’68 . Para entonces ya tenía 50 años y casi 5 de haber abandonado la historieta. Lo cuelgan en un museo y en Europa se le arma un mercado, y empieza de nuevo.

La entrevista completa, en Entrecomics

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Recordando al Viejo…Entrevista a José Muñoz

Pablo Turnes: Me parece muy interesante lo que Ud. señaló, y se lo quiero preguntar ya que ha tenido ese recorrido: ¿es posible ser un autor en una industria? De alguna manera la historieta conserva un núcleo que es puramente artesanal pero que no deja de funcionar en un circuito que es industrial, para la cual es una mercancía.

José Muñoz: ¡Somos también mercancía! Digámoslo en un sentido último, ontológico, parapsicológico o como quieras llamarlo, es un drama siempre actual, renovado en cada hijo de la tierra. Nuestra existencia, que nosotros contribuimos a dibujar con nuestras posibilidades, nuestras necesidades, nuestros deseos y nuestros sueños, apoyándonos en los talentos que cayeron justa o injustamente dentro de uno, busca experimentar goce, trabajar lo mejor posible, perderse en la hipnosis del trabajo para poder tolerar la vida, para conseguir subsistencia… Comer parece ser lo primero, ¡tengo pruebas! De todas maneras, en esto del arte y el artesanado siempre hubo deslices del uno hacia el otro, el uno es el otro y viceversa. Esa es su principal alegría. La realidad industrial de aquella época nos permitía proponer gran entretenimiento para las masas de trabajadores, y digamos, para el pueblo argentino del momento, antes del reino de la televisión. Había un gran momento del tango, estaba la radio como presencia casi hipnótica y la historieta tenía su rol de hipnotismo manual extremadamente popular, industrial y, por lo tal y cual, un poco vergonzante ¡Hasta[Cesare] Civita trataba de esconder el haber conseguido su primera guita con la historieta! Él quería ocupar un espacio más jerarquizado, adquirir mayor prestigio en la gran provincia Aldeana, participar en las narraciones políticas y culturales del momento, un poco se lo entiende, no lo podemos negar… Hay que agradecerle su perspicacia, su talento y talante propositivo, su capacidad empresarial, cultural –Abril funcionó también como refugio de las inteligencias literarias, políticas y plásticas en apuros– y perdonarle sus patéticos olvidos, nadie es perfecto. La historieta era esa cosita simpática pero vagamente deshonrosa, esa pasión equivocada. Al final de todo este largo, agitado y aburrido equívoco lleno de inseguridades, cabe citar a Robert Crumb que, para calmar a Art Spiegelman que ambicionaba justamente respeto cultural, y lo ha conseguido, le decía con una media sonrisa en la boca: “¡Art, son sólo historietas!” (Art, it’s only comics!) Y en inglés la palabra “Art”, metida ahí al principio, se derrama en múltiples sentidos, ¿no? Borremos la coma, como supo sugerir Sarmiento, y releamos la frase.

La entrevista completa, en Entrecomics

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