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Martín Vitaliti: esto no es una historieta

La obra de Martín Vitaliti se presenta como clave para indagar en la transposición entre lenguaje historietístico y artes visuales. Nada se pierde, todo se transforma, dicta una ecuación del sentido común. La segunda ley de la termodinámica establece exactamente lo contrario: una vez transformada la cosa, no puede volverse atrás. Todo cambio, por lo tanto, implica una pérdida irreparable. Lo importante es que lo que quede pueda sostenerse como sistema. En este caso, como dispositivo de enunciación, de sentido.

Lo perdido en este caso es la historieta como dispositivo impreso. Pero no se pierde el papel, éste es recuperado de manera tal que, destruido ese soporte se construye otro, trazando coordenadas como esquirlas estallando desde el mismo punto. Vitaliti destruye historietas para evidenciarlas como lenguaje específico, como experiencia estética singular y elusiva, propias de un momento histórico y social. Como el método de Carbono 14, el fragmento destruido permite entender mejor lo que resta.

El resto del artículo, acá en Entrecomics.

Agradecimientos especiales a Martín Vitaliti por las correcciones y comentarios y a Alberto García Marcos por invitarme a participar en la nueva etapa del sitio.

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Las olas

Martín Vitaliti, Olas – #58 (2012). Collage original a partir de tres viñetas de Superman – Las Cuatro Estaciones Nro. 4, de Jeph Loeb y Tim Sale. DC Comics/Norma Editorial, 2001.
  • Martín me envía un dibujo de Klee y una obra propia, pensando en el fluir de las imágenes que ha tomado recientemente en su obra. El movimiento – la necesidad de su registro y su resultado estético – funciona de manera interesante y compleja en la historieta. Por un lado tenemos la secuencia como respuesta posible – y en gran medida exitosa durante buena parte del siglo XX -, pero esa dinámica paradojal del movimiento congelado hace de la puesta en página una especie de reactualización de la aporía de Zenón: el movimiento perpetuo, continuo y congelado en su momento infinito. Podemos redoblar la apuesta al interpretar ese fluir como el ritmo propio de la historieta, su cadencia y melodía.
  • Ahora bien, no hay un estilo predeterminado, ni siquiera hay escuelas propiamente dichas. Lo que hay son especies de comuniones entre formas de leer/sentir, históricamente determinadas. Cuando se habla de ritmo o cadencia no es algo exclusivamente musical. La historieta no tiene sonido, su experiencia estética –según McCloud – pasa por la sinestesia, la capacidad y la necesidad de mutar sentidos para componer una lectura. Hay pequeños hilos invisibles que unen la abstracción, Hokusai, el pop, no porque haya una relación consciente sino porque la dinámica de la lectura los hace confluir, hibridarse, potenciarse.
  • Tomemos un ejemplo distinto y relacionado: Renzo Podestá acompaña sus tres páginas de historieta con una canción como banda sonora del relato. La lógica cinematográfica no lo es tanto cuando enfrentamos un límite obvio: el ritmo de lectura – indeterminado – se combina con una composición musical que sí está predeterminada en su extensión. Cada uno busca su estrategia para potenciar la experiencia. No es que Podestá no tenga su ritmo narrativo, sino que lo cruza/multiplica con esa puesta en escena multimedia. Es el devenir de una forma de leer el mundo.
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Vitalismo (navegar es preciso)

Martin Vitaliti, Instalación de dimensiones variables (julio de 2012). ArteSantander, Santander.
  • Seguir la evolución de la obra de Vitaliti se ha convertido en una pequeña obsesión de este blog. Se trata de genuino interés: es un buen punto de observación de un proceso de diálogo, tráfico y mutua influencia entre el mundo del arte y el de la historieta – y a su vez, desde los múltiples mundos que los componen -. Rubén Varillas ha señalado previamente algunas cuestiones en torno a los trabajos de Vitaliti, y recientemente su inclusión en la muestra ArteSantander.
  • La instalación se diferencia del resto de los trabajos del autor en cuanto a su despliegue espacio-temporal. Mientras que el registro de la página enmarcada radicalizaba la paradoja de la dinámica inmóvil de la historietay al mismo tiempo destruía el objeto para producir otra cosa -, acá la página se convierte literalmente en red expansiva constituida por la iteración de las viñetas que funcionan como nodos, disparando los sentidos en varias direcciones simultáneamente a su despliegue. Es decir, una dinámica que implica la condensación y el anclaje en una imagen/texto, y al mismo tiempo la coexistencia de esas anclas en una red más grande que desafían el monopolio del significado.
  • La apuesta es ambiciosa porque se muestra disruptiva del resto de la obras en la misma sala, pero porque complejiza el espacio por donde se tiene que mover el espectador. Martín comentaba que una señoras se sorprendían diciendo “¡Es como el mar!”. Otro caballero se enredaba torpemente, amenazando la obra – parte de la experiencia de toda obra está en su potencial destrucción – que inesperadamente dificultaba su traslado.
  • Ese arsenal de recursos clásicos/vanguardistas señalan un lenguaje distinto, que ya no puede ser reducido a Arte-o-Historieta, sino que traccionan sobre sí un proceso de experiencias acumuladas que hoy nos deslumbran y acaso prometen devolverle vitalidad a la experiencia estética.
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El violento oficio de contar

Azul Blaseotto, Frau K.! en los Juicios (junio de 2012). Espejos.
 El camino incierto al País de las Maravillas, Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, Buenos Aires.
  • Junto a Martín Vitaliti, hemos venido desgranando una frase de Masotta que nos sigue resultando intrigante: “La historieta no nos habla de “tipos”, ni de “especies” de hombres: sino siempre de un cierto individuo […] que vive en un momento preciso de la historia, que lleva una vida particular, con sus rasgos de carácter, y situado, en la mayor parte de los casos, en el interior de un determinado grupo social. En la historieta todo significa, o bien, todo es social y moral.” (La historieta en el mundo moderno, p. 9). La cosa había partido de algo sobre la representación en la historieta, y yo me acordé de esa cita. Masotta no llegó a conocer la historieta testimonial – exceptuando el comix -¿Qué sucede en ese devenir autoral con la representación? Spiegelman, Eisner, Sacco, Satrapi; todas respuestas posibles.
  • No se trata de representación sino del desafío mimético de un lenguaje que tiende a mostrarse como tal – una constante evidencia de sí mismo -. Pienso en la obra de Azul Blaseotto: ¿cómo dar testimonio, desde la historieta, de un nodo condensando las ondas del tiempo histórico de un país? Está la genealogía con la novela gráfica: trasladar la lógica del lenguaje a su objeto, un país en este caso. La historia de un país es el país, y en la ruptura de una forma de raccontar esa historia – el relato de la historia es la historia – surge la posibilidad de instalar anomalías. Como una burbuja en el concreto, su insignificancia termina cuando agrieta su prisión.
  • Está la forma de relatar de su autora: el juego especular, la historieta/historia que nos devuelve la mirada. Las mejores obras no sólo cumplen con la construcción de un relato, sobre todo favorecen la posibilidad de mostrar qué implica contar como acto vital, poético, político.
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Sobre cómo la historieta ayuda a pensar a su gente

Sam Humphries and Pete Toms, Virginia (Study Group, 25 de junio de 2012).
  • Me encuentro, por un lado, con esta entrevista a Martín Vitaliti*; por otro, con éste análisis que hace Renzo Podestá de su work-in-progress. Es alentador verificar cómo la historieta opera desde diferentes perspectivas artísticas como matriz lógica de una obra, pero también como estrategia para pensar esas – y otras – obras. La construcción de sentidos en los relatos ha sido transformada por la historieta en la deconstrucción de la falacia de la transparencia: hay ahí una operación autoral, una elección de cómo componer las imágenes que son el relato. Ahí está uno, como artista y como lector, comprometido de una forma u otra, sin escapar al entretenimiento – o justamente por eso -.
  • Segunda observación: el peso de la figura de Masotta es notable, sobre todo si se tiene en cuenta que fueron apenas tres años – 1967-1970 – lo que duraron las intervenciones massotianas. Supongo que es una voz particular por ser latinoamericana y en muchos sentidos, adelantada – de ahí su persistencia -.
  • A esto le podemos sumar la obra de McCloud – cuya lógica es la de Eisner -, donde la impronta de un intelectual específico del medio también revela cómo funciona ese medio, ese lenguaje. Podestá profundiza en estas cuestiones: la internalización de la dinámica de lectura, que evita que se sigan utilizando las flechas directrices, implica una evolución del lenguaje en relación a esa forma de leer. Pero también en conjunción con la partitura musical y poética. Aquí hay un quiebre interesante, propio de una realidad postindustrial: ya no se trata de la mera división de tareas – guionista/palabra; dibujante/imágenes -, sino de una confluencia que toma base sobre ese know-how adquirido y al mismo tiempo lo dispara desde su reflexión en otras direcciones, labores donde lo intelectual y lo práctico no pueden ser divididas ni contrapuestas.
*Martín me adjudica generosamente un concepto que en realidad lo debo a Roger Chartier: “La lectura no es sólo una operación abstracta de intelección: es la puesta en marcha del cuerpo, la inscripción en un espacio, la relación consigo mismo y con los demás.” (El mundo como representación. Estudios sobre historia cultural, Gedisa Editorial, Barcelona. Traducción de Claudia Ferrari, 2005 [1989], p. 110).
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