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Lost (post scríptum) – 5ta Parte/Conclusión

Cuando los naúfragos llegan a la Isla, un oso polar se les aparece y Sawyer le dispara, matándolo de inmediato. Ese viejo oso polar, muriendo en medio de una isla selvática, bien puede ser el Estado que ha devenido absurdo. Y absurdas son también sus categorías: nación, pueblo, soberanía. Es una vuelta al estado de naturaleza, donde las alianzas son inestables, la violencia se confunde con la praxis política y el otro es siempre un enemigo potencial. El desarrollo del proceso concluye en Jack, en quien empezó, y cuya muerte – la muerte del público, de aquel viejo público -, tiene su punto de fuga en el avión que finalmente logra abandonar la isla. Eso ha sido LOST: el planteo de una realidad prepolítica que corre el riesgo de autoaniquilarse pero que encuentra su resolución en la construcción imaginativa de otro(s) mundo(s) posible(s). Ese mundo posible, el paralelo, encuentra su comienzo en la vuelta al orden – el statu quo se recompone y hay que volver a trabajar -, pero encuentra en la memoria como manifestación radical del intelecto general, en su praxis colectiva, la falsedad de dicha realidad donde el trabajo como organizador y dador de sentido de la vida es reemplazado por la realidad del encuentro, del compartir y del entender que el liberalismo existencial ha encontrado también su fin, y con él el de su caballito de batalla: el individuo. Liberados de sí mismos, los sujetos sólo pueden reír y amarse, con la luz que iluminándolo todo nos dice que es hora de posicionarnos, de salir de nuestras pequeñas y mezquinas islas para dejar de estar tan perdidos, o aún mejor, de poder seguir perdiéndonos con los otros, en ellos y viceversa. Y así llegar, combatiendo, a ser quienes somos.

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Lost (post scríptum) – 4ta Parte

La escena final abusa del melodrama y las cámaras lentas, algo común en la propuesta estética de las series televisivas norteamericanas, pero sin embargo LOST logra exceder ese non plus ultra que implica el no tomar posiciones, el no avanzar críticamente, el no tomar verdaderos riesgos. En la capilla protestante, un vitreaux contiene los símbolos de varias religiones y credos. El cajón vacío permite liberarnos de la idea de la muerte como significado último de la vida, y el padre de Jack, al salir de aquel espacio en el que no tiene lugar, activa la entrada de un nuevo presente, una nueva forma de ser y hacer con los demás en un aquí y ahora que se constituye en el encuentro, que siempre es un re-encuentro, a pesar de ser perfectos desconocidos los que lo llevan a cabo.

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Lost (post scríptum) – 3ra Parte

  •  Cuando Jack toma cierta conciencia de la dimensión de las cosas –La Isla-, acepta la responsabilidad de convertirse en su guardián. Pero esto es sólo temporal, porque el cuidado de la isla corresponde al plano de la imaginación, y Jack no la posee, siempre estuvo superado por el cambio de realidad. Sin estar del todo satisfecho con su vida burguesa, no puede evitar añorarla. Y en esa parálisis neurótica encuentra su límite. El guardián debe ejercitar la imaginación, y la imaginación es lo pop. Hugo, eterno citador de Star Wars, ha entendido la vida tanto en sus zonas más oscuras como en el mejor de los sentidos, el lúdico. Jacob estaba atado a la división maniquea y moral de los héroes y villanos y Jack estaba perdido en su desencanto de burgués posmoderno, por eso es Hugo quien toma la posta desde su saber colectivizado, que es la cultura de masas y su constante subversión de los géneros, al mismo tiempo que esos géneros han logrado constituir una experiencia estética de la existencia.
  • Locke entendió mejor que nadie la isla desde un principio, pero su devenir mesiánico lo alejó y finalmente lo hizo caer en un callejón sin salida. La contratara de Jack – el escéptico -, Locke sucumbió a sus propias debilidades cuando quiso erigirse como el interpretador de la voluntad de la Isla. El papel de sacerdote sólo lleva a la muerte, porque nunca hubo una verdad en el sentido religioso sino que eran los múltiples caminos hacia la verdad los que en realidad siempre importaron. Esos caminos no eran preexistentes sino que en el constante caminar y correr y entrecruzarse se constituían el presente dela Isla que a su vez siempre mutaba y ofrecía una experiencia vital distinta y singular a la vez, cada vez.

Para leer la primera parte, haga click acá. 

Para leer la segunda parte, haga click acá. 

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Lost (post scríptum) – 2da Parte

  • La fuente de energía de la isla, siempre inestable, siempre a punto de estallar, es la potencia humana que no puede ser detenida pero a la que se le pueden poner tapones. La mirada y la forma de actuar frente a semejante hecho pone en evidencia la ideología de cada personaje, es decir su visión del mundo y de cómo vivir en ese mundo. ¿Se debe mantener oculta, taponada? ¿Se debe liberar? ¿Se debe destruir? Ninguna respuesta es mejor que la otra en un sentido moral, sino que exhibe las capacidades de quienes ofrecen una respuesta y cómo esto tiene consecuencias colectivas.
  • Jack – el insoportable Jack -, constituye la mirada del público: es torpe, se aburre rápidamente, cree tener una respuesta para todo, dice no entender nada cuando las respuestas fallan, su devenir es neurótico y tiende, en su impaciencia, a sabotear el dispositivo que sigue funcionando a pesar de él, o tal vez gracias a su torpeza. El dispositivo narrativo es siempre más amable que Jack, su público.

La 1ra parte, acá.

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Lost (post scríptum) – 1ra Parte

El final de LOST es en todo caso una interrupción más que un final. El próximo giro de la rueda ya no seguirá ese camino, sino acaso otras nuevas posibilidades narrativas. Y es que LOST, antes que serie de televisión, es narrativa televisada. Esto implica la imposibilidad de categorizarlo dentro de un género dado que su singularidad parte de la fusión, el entrecruzamiento y a menudo la destrucción de los géneros a cambio de poner en evidencia las posibilidades infinitas – dentro de un set de recursos limitados – de la narrativa y su motor: la imaginación. Se ha impuesto algo así como una manera express de interpretar a LOST – es decir, una sentencia en apariencia crítica y en realidad prefabricada -, que dice que LOST no se entiende, que perdió su rumbo, que fue demasiado estirada y que al volver sobre sí misma neutralizó la potencia que la hacía tan fascinante. Esto supone que hay un lugar desde el cual se parte y al cual se debe llegar. Pero LOST siempre fue un entremedio dentro de un medio. Los personajes son atravesados en la mitad de sus vidas y de sus existencias y es ese acontecimiento y la cadena de acontecimientos que se articulan unos con otros lo que hace a la radicalidad de LOST como algo postelevisivo, postartístico. Mejor dicho, es la manera en que se elige contar el relato lo que se constituye como exploración radical de las posibles formas de vida, partiendo del individuo para finalmente destruirlo al revelar la falsedad de esa máscara, y la puesta en escena de lo que siempre fue: la vida como red, como tejido vivo, donde todo el tiempo somos tanto significantes de, como significados por, los otros.

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