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El otro, lo otro y los otros

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Los amigos del Archivo Caminante han posteado una intervención más que acertada, reproduciendo y traduciendo las páginas de historieta que Joe Sacco hizo abordando lo que por momentos parece la – falsamente – inabordable masacre de París. Tal vez acá se noten las diferencias entre alguien que sólo hace tiras cómicas y unitarios para periódicos, internet, o su propia cuenta de Facebook, y alguien que se ha molestado por investigar desde el terreno mismo de la acción. ¿Cuántos de los indignados han estado por los Balcanes o Palestina en los peores momentos? ¿Cuántos de los que han estado pueden brindar testimonio como Sacco? Bueno parte del debate (o la negación del debate) ha estado dando vueltas alrededor de la posibilidad o no de decir “pero”. Por ejemplo: “Yo no estoy de acuerdo con lo que pasó en París pero…” o “La libertad de expresión es un derecho universal, pero…”. Oscar Cuervo nos recuerda el uso del pero fuera de las histerias xenófobas, izquierdistas de ocasión y pelotudos/as de los que abundan, sobran y habitan las 24 horas del día en las redes sociales.

Yo, particularmente, agradezco los resquicios por donde se filtra algo de sensibilidad, pensamiento, reflexión y bastante coraje. Todas cosas más difíciles que colgarse cartelitos de opinión – ese privilegio del sentido común -. Y así como los que empiezan quemando libros terminan quemando gente, los que empiezan colgándose cartelitos probablemente estén, al mismo tiempo, colgándole carteles a los demás.

À bientôt!

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La poética de las cacerolas

  • La clave del testimonio registrado por la cámara de Willy Villalobos está en cierto tono confesional que se permiten esos personajes, en oposición a la interpelación televisiva hecha desde Duro de domar, donde ya hay un dispositivo reconocido y frente al que se tienen más barreras. Cuando esas personas se expresan, varían entre el acercamiento al camarógrafo y la confrontación directa a la lente – como dirigiéndose a un público imaginario pero presente -. Es particularmente interesante ese vaivén con que el socialista de Palacios, progresivamente desencajado, histérico, hace su declamación. Es el vaivén de la clase media argentina y porteña, pendulando entre su moralismo y su desprecio; el republicanismo decente contra el plebeyo.
  • A fin de cuentas, por más posiciones políticas que se tomen, todo deriva en el veneno que se escupe al que mira. Las razones banales – el dólar, el campo, la inflación, la inseguridad – no logran contener por mucho tiempo el odio de clase que estalla como un volcán ponzoñoso y que contorsiona esos cuerpos que apenas pueden mantener el control, conmovidos en su propia puesta en escena que re-actúa la ideología sobre la que se han sostenido tantos crímenes. No hay posibilidad de plantear los verdaderos retos de una crítica profunda – el reacomodamiento capitalista después de la debacle neoliberal, y el rol del Estado en ese reacomodamiento -; sólo queda ese loop que se encuentra consigo mismo y que golpea sobre el metal reclamando la mano del verdugo que golpee más fuerte.
  • Esas personas – acaso sin saberlo – están contando el relato de un devenir nacional de lucha de clases. El socialista de Palacios reclama a su prócer – primer diputado socialista de América Latina – olvidando que fue también embajador de la Revolución Libertadora.
  • “Están buscando un nuevo amo…¡lo tendrán!”.

Fuente de los videos: La Otra

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