Archivo de la etiqueta: Jesús Cossio

El pasado, una ilusión

Jesús Cossio, La Captura de Abimael Guzmán (1992-2012. 20 Años en la Historia del Perú, octubre de 2012). Galería (e)Star, Lima.
  • Desde la denuncia de la presidenta Fernández contra la caricatura de Sábat hasta la golpiza de Ali Farzat a manos de agentes sirios, el satirista sigue siendo una figura incómoda y necesaria. Lo que acaba de suceder en Perú con la censura de algunas obras correspondientes a la captura de Abimael Guzmán dentro de una muestra retrospectiva sobre los últimos 20 años de la historia política peruana se inscribe en esa línea de tensiones entre el poder estatal y los dibujantes. Lo interesante suelen ser los argumentos bajo los cuales se procede a una actuación legalmente legitimada contra lo que no deja de ser una serie de trazos.
  • El absurdo no lo es tanto: la reconstrucción del pasado es también su transformación. Los argumentos legales aún no se conocen, pero la fuerza pública ya entró en acción. Lo que está en juego son las posibilidades electorales de grupos y personas involucradas con el terrorismo de Estado en el proceso represivo contra Sendero Luminoso. Como si salvar de alguna manera al enemigo borrara las huellas del crimen que implicó el ejercicio del poder estatal. Basta un dibujo para demostrar que la ilusión del poder sigue siendo el poder.
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Nuevas corónicas, malos gobiernos

Miguel Det, Novísima Corónica i Mal Gobierno (2011). Ediciones Contracultura.
  • Det recupera para sí – y para nosotros – la potencia política inscripta en la obra de Guaman Poma, revelando a la Nueva Coronica no sólo como documento histórico neutralizado sino su dimensión ideológica, su carácter revulsivo en la construcción de un otro que no entraba necesariamente en los cánones colonizadores. El Mal Gobierno al que se ataca furiosamente es un relato compuesto desde las pautas formales de la coronica americana – la utilización del plano, el centro enmarcado, la tipografía colonial – pero también en esa reconstrucción está una manera de denunciar ligada a una posición de izquierda radical. De Guaman Poma a Tupac Amaru, de Haya la Torre a Mariátegui, Det condensa en sus viñetas toda una tradición de lucha y resistencia del Perú.
  • El señalamiento de la recuperación de una estética americana es importante – también lo encontramos en la obra de Cossio – porque funciona como indicador de una consciencia cristalizada de manera particular, la necesidad de entenderse como americanos desprendiéndose del peso colonial del término para pensarnos herederos de toda una tradición de luchas por la construcción de una vida mejor. Aquí Det traduce lo mejor de la izquierda gráfica europea – Grosz, Masereel – en coincidencia con los reclamos que dieron origen a los movimientos zapatistas: las Juntas de Buen Gobierno.
  • La explicitación de la posición política del autor no es mera búsqueda de efecto, sino que hay ahí una continuidad con la sátira gráfica – americana, esta vez – tal como se ha desarrollado desde el siglo XVI en adelante. Ernst Gombrich se preguntaba por qué había tardado tanto en aparecer la caricatura. Y se respondía: porque hizo falta tiempo para perderle miedo a la dimensión mágica de la imagen. Algo de esa propiedad de modificación de lo real aún existe en el dibujo político. Y Det nos lo devuelve multiplicado.
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La Masacre (o sobre la ética de la representación)

Jesús Cossio, Rupay. Historias Gráficas de la Violencia en el Perú (1980 – 1984) (2008). Ediciones Contracultura.

Paralelamente al affaire Sala, otro historietista ha sido acusado, esta vez, de parcialidad hacia Sendero Luminoso. Se trata de Jesús Cossio, quien en sus obras Rupay y Barbarie ha documentado cronológicamente el devenir caótico y sanguinario de la historia reciente del Perú y nuestro continente. El problema sigue estando en la aproximación a dichos temas mediante una serie de representaciones, con el eje puesto en la masacre y el genocidio. Como ha señalado José Emilio Burucúa, el problema con las masacres es que se rompe el tejido de causa/efecto, la racionalidad del acto, la presentación de lo irrepresentable. Cossio elige una estrategia narrativa particularmente interesante: se cambio el registro gráfico – contenido, formal, secuenciado, documentado – haciendo uso del estilo de los grabados americanos y europeos de los siglos XVII y XVIII. Esa ruptura que implica un hecho atroz, inconmensurable – más allá del conteo de las víctimas -, implica una ruptura hacia el interior del estilo de la historieta, lo cual pone en juego la coherencia misma del relato. Esa ruptura interna es también externa, al poner en cuestión – lo busque o no – una serie de modelos de representación previamente instituidos. Eso es lo que irrita y lo que lleva a la crítica al plano de amigo/enemigo: no hay posibilidad de indagar la cuestión técnica porque se entiende que esto desmerece y banaliza la dimensión humana e histórica de la tragedia. Sin embargo, como bien señala Burucúa, si llevamos las cosas a ese plano, la reflexión se hace imposible y caemos en el ritornello: no es posible hacer poesía después de Auschwitz – y por extensión, no es posible hacer nada –. Rescatar las cosas del registro de lo indecible es sumamente arriesgado, pero sin esos riesgos, ni artistas que los tomen, habremos perdido la batalla de la memoria antes de empezarla.

Para adherir al comunicado de apoyo colectivo en favor de Jesús Cossio, dirigirse acá.

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