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Cadáver Exquisito

Fierro Nro. 90 (abril de 2014). Portada de Salvador Sanz.

Fierro Nro. 90 (abril de 2014). Portada de Salvador Sanz.

¿Para qué sirve la crítica de historietas?*

“[…] no se puede juzgar a la historieta, ni valorizar historietas, desde el punto de vista de un esteticismo tranquilo.”

Oscar Masotta, La Historieta en el Mundo Moderno.

El problema de raíz está en usar la palabra crítica como sinónimo de mala leche, lo cual antes que nada revela lo conservador del medio de la historieta, que percibe casi cualquier perspectiva considerada exterior como sospechosa;  cualquier comentario desde adentro como una ruptura de códigos – en general, entre hombres- y de ahí su eficacia: si entre ellos se pelean…Pero lo cierto es que la crítica no está ahí ni para indicarles a los autores cómo hacer, ni a los lectores cómo leer. Incluso si lo hiciera, sería inefectivo; la crítica está para proponer formas de ver. Y en la historieta, ver y leer son la misma cosa. Diría también: posibilidades de leer. No se trata de vicio intelectual, más bien de reconocer un lenguaje propio y compartido, diferenciado de otros, como el cine por ejemplo. Entender ese lenguaje es hacer relaciones entre obras, entre autores, géneros y  estilos. Y para eso es necesario historizar de manera de recuperar también los contextos y las personas que intervinieron en esas creaciones. Es darle a ese lenguaje un devenir espacio-temporal: un país, una época, un tema, un formato. Los historietistas también son intelectuales; los primeros en recuperar trayectorias, experiencias, y compartirlas han sido casi siempre dibujantes y guionistas. Es un medio pensado desde dentro, para el público, ese exterior desconocido. Surgen entonces dos niveles: el de los autores y sus códigos internos, sus prácticas, sus relaciones; y la del público con la obra y/o el autor desde una posición ya mediada. Si la crítica sirve, que sirva como zona de comunicación: no como ventrílocuo, sino como conector; no para explicar la historieta sino para hacerla mejor. No hay garantías, pero bien vale la pena intentarlo. Esta columna – heredera de Ojo al Cuadrito – es ese intento, suma de intentos anteriores: Masotta, Steimberg, Trillo&Saccomanno, Sasturain, Siulnas…Esos también ya son clásicos de/sobre la historieta. Me permito recomendar que los revisen. Las cosas han cambiado, y la cantidad de historietistas/críticos/investigadores no es poca, y los roles no se excluyen. No busco dar una definición, no sé si podría y creo que no me interesa. Lo que me importa es: esto es una invitación y un llamado, y sucede desde Fierro. Y, como decía el Viejo Breccia, por algún lado hay que empezar.

*Esta intervención forma parte de la nueva sección coordinada por Laura Vazquez, Cadáver Exquisito, donde he sido invitado a participar junto a Manuel Barrero. Se puede leer en la Fierro Nro. 90, disponible en kioscos.

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Cartooneando

Esteban Podeti, Ayrton Galíndez, el Peor Editor del Mundo (El Cartoonero, Revista FIERRO Nro. 67, mayo de 2012). Editorial La Página S.A.
  • Golosina Caníbal dispara nuestra reflexión – prometo no dejar de robarles – y da cuenta de algo que merecía hace rato ser señalado como lo mejor y más regular de la irregular Revista FIERRO: El Cartoonero, de Esteban Podeti. Siempre es una tentación académica preguntarse a qué genero corresponde lo que se escribe/produce, en este caso en particular ¿es crónica ficcional, relato breve, ensayo-ficción? Poco importa. Lo interesante es que Podeti – historietista de la generación de los ´90, pilar de la historieta under-fanzinera junto a Diego Parés y Pablo Fayó, entre otros – avisa desde el título de qué se trata: el detritus de la industria cultural masiva, reconstruido en base a ejemplos reales del mundo de la historieta, muestra la lógica del mercado y sus mercancías.
  • La historieta, si seguimos esta lógica, es un circuito triste. Suele garantizar el anonimato, sueldos bajos – el buen sueldo es un estado de excepción -, ninguneos y olvidos, reivindicaciones gregarias, nostálgicas, idealizantes y melancólicas. Para la historieta, todo pasado fue mejor. El detalle, revela Podeti, es que nunca hubo un pasado mejor. Y sí un montón de experimentos, consecuencias absurdas, ridículos malentendidos donde autores, público y editores componen una tragicomedia de malos entendidos sobre los que avanza esa industria tan extraña y bella como terrible.
  • Una cosa sigue presente, y creo que es lo que suele impulsar a la historieta a un constante rencuentro consigo misma – y en esa bola de nieve confusa encuentra la dinámica de su existencia -: lo artesanal, subsumido a un circuito industrial, que cada tanto resiste creando obras maravillosas. Esa auto-referencialidad crónica del lenguaje y el medio es una manera, creo entender, de construir una contra-memoria de la mercancía cuya única lógica es la obsolescencia del consumo. Las crónicas-ficción-ilustradas de Podeti son, entonces, la continuación de la historieta por otros/mismos medios.
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Ideología y Puesta en Página: José Muñoz y Carlos Sampayo

José Muñoz y Carlos Sampayo, Sudor Sudaca – Solos Para Siempre, Fierro Vol. 1 Nro. 2 (octubre de 1984). Ediciones de La Urraca.
  • La narrativa gráfica de la historieta no sólo supone una excepción sino un modelo o una estrategia innovadora que al momento de presentar una forma nueva de representación, de construcción estética, también modifica la manera en que se ven las aproximaciones que la antecedieron. Implica un camino entre el dibujo y la escritura, en esa aproximación y alejamiento constante que implica la lectura de esa narrativa gráfica. ¿Cómo se conjuga esto con la circulación de estas nuevas estrategias narrativas con su circulación en el medio de la industria cultural?
  • En Sudor Sudaca, Muñoz se vio enfrentado a representar una escena donde se evocaba el secuestro, la tortura y la ejecución de exiliados en Sitges. El dibujante se negó, aunque lo consideraba importante. Su solución fue el hacer aparecer el texto, como voz narrativa, como documento escrito y como palabras fracturadas, que se reiteran desordenadas por la página. En esa interrupción del flujo figurativo, sólo aparece el mismo Muñoz, horrorizado, entremezclado con las palabras que se ha negado a convertir en dibujo. El documento que testimonia una nueva forma de narrar, en consonancia con otra instancia civilizatoria en la relación imagen/texto, no puede dejar de ser – y por lo tanto, de exhibirse en esos mismos términos – como un documento de la barbarie.
  • La necesidad de entender el lenguaje posthistórico de la historieta generó como reflejo el buscar correspondencias con aquellos otros usos de la imagen, la palabra y la secuencia narrativa, implicados en un contexto donde la separación entre esos factores no había sido concretado. Un nuevo lenguaje que responde a una nueva etapa de la sociedad global, que ya no puede ser interpretada como aquella sociedad de masas donde la historieta nació y se desarrolló, sino como una etapa de transición y desarrollo de nuevas formas de lectura y organización.
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