Archivo de la etiqueta: Enrique Breccia

Cuadernos del crítico de historieta N°2: prólogo a “Vida del Che” por Eliseo Verón

Che Prologo Eliseo Verón

Alberto Breccia, Enrique Breccia y Héctor Oesterheld. Vida del Che, Buenos Aires: Ediko (Jorge Álvarez Editor), enero de 1969. Agradecimientos a Gustavo Ferrari.

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Atribuciones Pop

El Matadero de Esteban Echeverría, ilustrado por Carlos Alonso (1966). Centro Editor de América Latina, Buenos Aires.

El Matadero de Esteban Echeverría, ilustrado por Carlos Alonso. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1966.

Carlos Alonso - El Matadero (detalle, 1966)

El Matadero de Esteban Echeverría, ilustrado por Carlos Alonso (detalle)

El Matadero de Esteban Echeverría, versión de Enrique Breccia. Fierro Nro. 1, Ediciones de la Urraca, Buenos Aires, septiembre de 1984. Cuadro 6, pág. 3.

El Matadero de Esteban Echeverría, versión de Enrique Breccia. Fierro Nro. 1, Ediciones de la Urraca, Buenos Aires, septiembre de 1984. Cuadro 6, pág. 3.

 

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Los Breccia

¿Cómo hablar de Los Breccia, así en plural? Ya hablar de cada uno de ellos – Alberto, el Viejo; Enrique, Patricia, Cristina es ilustradora, y su inscursión en la historieta es muy breve – presupone un tratamiento complejo de obras extensas, cada una de las cuales encierran un mundo y crean esa dimensión brecciana tan particular, a menudo desconocida.

Alberto Breccia y Carlos Trillo, La gallina degollada (1975). Breccia Negro, Ediciones Récord, Buenos Aires, 1978.

Alberto Breccia y Carlos Trillo, La gallina degollada (1975). Breccia Negro, Ediciones Récord, Buenos Aires, 1978.

No se trata de indagar en el misterio familiar siguiendo el paradigma del genio inexplicable. Por empezar, porque esa figura no me convence y evita hablar de otras cosas, como el contexto, los materiales de trabajo, los circuitos desde y en los que se produce, etc. Y también porque siempre habrá algo de inexplicable en la tarea creativa y artística, y está bien que eso sea en algún punto elusivo. Marcelo Shapces lo había retomado desde la parodia en su corto Breccia x cuatro (1988), donde el pobre semiólogo Humberto – por Eco, claro -, obsesionado con su objeto de estudio familiar, terminaba inmerso en un ambiente de secretos, silencios, misterios y finalmente, el aquelarre familiar. Algo escapaba a la lógica racional y categorizadora de la semiología, ficcionalizando ese desencuentro constitutivo de una relación siempre complicada: los artisticas y los críticos, investigadores, o cualquier otro que es percibido como el afuera.

Enrique Breccia, El matadero (Fierro Nro. 1, 1984)

Enrique Breccia, El matadero (Fierro Nro. 1, 1984)

Lo que tratamos de hacer, en compañía y con la guía de Patricia Breccia, fue indagar un poco estos asuntos mirando imágenes, metiéndonos en la oscuridad cavernosa del aula donde, como desde hace siglos, descifrábamos los que esas imágenes proyectadas sobre la pared podían o no, querían o no, decirnos. Hay mucho de brutal en esos paneles, en esas viñetas, en esas puestas en páginas donde las cosas están constreñidas hasta la asfixia, prisioneros de un mecanismo implacable e inmoral; hasta el desborde de la mancha, ríos de tinta como si volviéramos al matadero fundacional al que el Viejo siempre se remitía, donde había conocido el mundo brutal del trabajo limpiando de bosta tripas de vaca; las páginas con horror al vacío, llenas de signos, señales, desvíos, flujos de conciencia dibujados. La tinta derramada no será traicionada, porque los Breccia son celosos de su labor, y no dudan en herir para mostrar la verdad, usando el pincel como facón. Pero qué es la verdad en una historieta, en una con tanto negro…¿hay verdad ahí? Si la hay, a buscarla. La lectura perezosa se rinde antes de empezar, es difícil meterse ese río revuelto, en esas viñetas que sangran tinta. Pero de ahí a negarlas, es otra cuestión.

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Patricia Breccia, Sin Novedad en el frente (1986)

Patricia Breccia, Sin Novedad en el frente (Fierro, 1986)

Para muestra basta un botón. Nos gusta, nos perturban también, y a eso lo agradecemos: que nos sacudan, cada tanto, para mostrarnos que todavía existe el movimiento.

 

Estas son algunas de las reflexiones que se generaron en el encuentro del Círculo de Estudios en la UNSAM: La historieta en los (des)bordes. Este míercoles, estaremos hablando deJosé Muñoz/Carlos Sampayo, y Carlos Nine. Considérense invitados.

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Notas sobre el Gap #12

Enrique Breccia y Carlos Trillo, Mariposas, libres mariposas (realizada en 1978, publicada en Skorpio Plus Nro. 2, enero de 1984). Ediciones Récord.
  • La primera etapa en la obra de Carlos Trillo – desde la segunda mitad de los ´70s a principios de los ´80s – bien puede entenderse como el manifiesto de un autor de historietas, continuando de alguna manera el camino propuesto por Oesterheld: una perspectiva satírica, amarga y brillante. Recuperar esas historias permite recomponer un sentir de época oscuro, donde la historieta era pasada de largo por el Ojo de Saurón de la dictadura. Trillo contaba fábulas como quien atesora un saber: que la imaginación es vital, una guía para una vida mejor.
  • E. Breccia fue desde Vida del Che Guevara (1968) un autor con una comprensión de la puesta en página excepcional. Esta página de una de las historias breves hechas con Trillo demuestra la maestría en el manejo del lenguaje historietístico como de los recursos plásticos. Habíamos hablado de la solidaridad icónica, denominación que explica a la puesta en página como unidad de sentido, donde las viñetas cobran coherencia o significado por su coexistencia en el mismo plano. El ejercicio lector sutura ese tapiz, deviene operación semántica, otra forma de leer.
  • Entre la cuarta y la séptima viñeta se compone una unidad autónoma, que puede ser descompuesta en cada uno de esos paneles. Un elemento es clave: el color como narrador. El cambio del fondo negro al amarillo hace que la mirada enfoque el centro casi de inmediato; el rojo completa la herida que Breccia propina al verde traspasando la hoja. La sangre en el filo del hacha del panel final, sostenida por el verdugo, une la disrupción previa a la secuencia general. Y entonces repite su golpe: hay acá una instancia de enunciación hecha desde la muerte y el exterminio. Podremos seguir la página, excepto el ajusticiado, quien ha quedado para siempre entre los intersticios del vacío.
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100 Años de Historieta Argentina: El Sueñero

Surgida en Fierro en 1985, El Sueñero es como un regalo envenenado: desconocemos su carga mortífera hasta que lo abrimos. Entonces ya es tarde. Hemos caído en el embrujo de Enrique Breccia, quien tiene el don especial de hacer de cada viñeta algo en sí misma, pequeños universos en blanco y negro desperdigados por toda la página. Y ahí viene el sopapo: El Sueñero es un manifiesto político-existencial tan personal que sólo admite lugar para una persona, su autor. Y en eso está su encanto terrible, porque Breccia no quiere convencer a nadie. Planta posición sin pretender que lo sigan; su camino ya está decidido de antemano. Y su dibujo es tan bueno, que tenemos que seguirlo.

Las historietas de Breccia hablan su propia lengua: hay metáforas, citas, ironías. Pero en algún punto, más profundo que las traducciones explícitas del peronismo, el nacionalismo, el imperialismo – o lo que es lo mismo decir: una visión de la historia argentina con sus amigos y enemigos, como toda historia -; se esconden algunos signos, guiños, un idioma secreto que probablemente sólo su autor sepa leer con certeza. Era una estrategia de ubicación en el mapa de la Argentina post-dictatorial, de ahí también su impacto revulsivo. Compárese con el desafortunado devenir de su segunda parte en la segunda versión de Fierro, y se entenderá lo importante del contexto político inmediato como factor constituyente de El Sueñero.

Nos queda su legado: una forma extrema de historieta autoral, una saga fantástica y reaccionaria que hablándole a los restos de esa sociedad destruida por la dictadura, nos habla a nosotros desde nuestro postapocalíptico 2001. Dos sociedades heridas que son la misma, Breccia las cose a puntadas de facón de ciencia ficción criolla. El Sueñero declara que, para mejor o peor, no hay más futuro que el presente. En él tendremos que resistir.

Publicado en “100 Años de Historieta Argentina”, en Comiqueando Online.

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