Archivo de la etiqueta: Eduardo Molinari

Rehistorizar la Memoria

Historietas por la Identidad, Grandi-Cournou por Archivo Caminante – Eduardo Molinari (2012).
  • Historietas por la Identidad  – una manera original de utilizar la historieta como instrumento masivo y efectivo para la puesta en circulación de un mensaje – deviene a su vez una constante interrogación acerca del cómo, qué recursos formales y materiales utilizar para tratar semejante cuestión de manera efectiva. Autores y lectores quedamos frente a una serie de decisiones sumamente complejas que nos comprometen antes que nada como sujetos históricos.
  • Eduardo Molinari encaró el reclamo de la familia Grandi-Cournou desde dos páginas sumamente complejas, desde la perspectiva sobre la que viene desarrollando su obra. Molinari utiliza el collage y la fotografía, no hay dibujo. La composición está hecha como ficha – numerada, con el logo de A.C. -. La perspectiva plástica lo pone en coincidencia con la definición masottiana de la historieta como relato que no puede evitar mostrarse a sí mismo en su condición de tal.
  • Superposición y desmontaje: el texto – datos secos – superpuesto sobre el negativo de la casa familiar; la foto de los padres en diagonal a la figura de un bebé uterino. La segunda página refuerza la operación texto/paratexto, y la repetición en zoom de los padres con la hija que existe – versión presente de ese herman@ desconocid@ -. Acá Molinari/A.C. define su posición: la desarticulación de un discurso que revela los efectos reales y buscados de la destrucción de los cuerpos. La fecha de del diario La Nación con su imperativo Refinánciese… coincide con la desaparición de los padres. Sobre el texto molde, las palabras recortadas que son también la historia que confluye, se entrecruza y disputa el sentido de esa historia que no es otra cosa que la vida.
  • Rehistorizar la memoria es la manera de rescatarla de la estereotipación, proponiendo desde los fragmentos una recomposición de los sentidos perdidos que aún estamos buscando.
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Condensaciones

Eduardo Molinari, Las Banderas (detalle: Carlos Saúl Menem y María Amalia Lacroze de Fortabat, en Espejos. El camino incierto al País de las Maravillas, junio de 2012). Instalación, dimensiones variables. Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, Buenos Aires.
  • Volviendo sobre el tema de la condensación como recurso y como matriz ética de un hacer artístico, pienso en una variable sumamente interesante. Los textiles andinos prehispánicos supusieron un lenguaje complejísimo, una gran inversión de recursos y mano de obra. Su evolución hizo que funcionara de manera sinecdótica como resultado de lo que podríamos llamar la lógica del arte andino: el nivel de condensación de las figuras crecía en cuanto más se acercaban al centro/horizonte del plano textil. Lo que podría pasar desapercibido a nuestro entender se interpretaba como el significante del cual sólo quedaba una parte evidenciada. Siglos habían establecido los patrones en base a los cuales leer lo que era la síntesis de una figura original.
  • Ahí la diferencia radical con el punto de fuga, lógica del arte occidental-europeo. Y tal vez un apunte interesante para pensar una lógica distinta desde el arte americano contemporáneo. La obra de Molinari lo ha hecho patente: la fusión de las banderas del E.R.P. y Montoneros funciona en base a un principio lógico-histórico: en cuanto más alejado se está de la experiencia, más tienden a condensarse los factores en el horizonte de la Historia. Esto no es igual a decir que hay una igualación de esos factores – un riesgo – sino que vemos relaciones que los propios actores no pudieron o no podían ver.
  • La utilización de las imágenes de archivo es impactantes, porque activa esa memoria-sinécdoque y reflexionan al mismo tiempo sobre el archivo como sistema organizado y al mismo tiempo imposible. Molinari convierte a la imagen burocratizada en un objet trouvé; a las muecas siniestras de los poderosos en develación de los complejos circuitos en los que funciona esa microfísica del poder. Y lo mejor: la posibilidad de desandar, condensando, el olvido, subvertido por una memoria conjugada en presente.
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Antígona/Rockenfeller (contra el olvido decretado)

Noemí Escandell, Desaparecido (“Piedad”), 2001.
  • En el siglo V a. C. coinciden en Grecia dos relatos. El primero es el compuesto por la amnistía dada luego de lo que se llamó Dictadura de los 400, síntoma de la decadencia democrática ateniense en tiempos de guerra: un decreto obligaba a los ciudadanos a olvidar la serie de muertes e injusticias perpetradas. El segundo se relaciona con las obras de Esquilo y Sófocles al contar la tragedia de Antígona. La hija de Edipo y Yocasta reclama que el cuerpo de su hermano Polinices pueda ser enterrado acorde a los costumbres, contra la voluntad de su tío Creonte, rey de Tebas. Juan Gelman ha señalado este hecho como uno de los pilares fundamentales de la cultura occidental quebrado por la dictadura autodeclarada occidental y cristiana en su operatoria exterminadora.
  • El nacimiento de la tragedia estaría dado entonces por la disputa de la memoria entre los mecanismos del poder estatal y las costumbres sobre los que se asienta el contrato social-civilizatorio. Escandell retoma desde otra dirección el mismo problema: el arte renacentista, punto culmine y de partida del Arte occidental, tratando de dar respuesta a aquello que es irrepresentable y material, la pérdida y el dolor ante el duelo cancelado. Encontré una foto de esta obra en el Museo de la Memoria en Rosario, casona de 1928 cuyo subsuelo sirvió de centro de tortura y detención a cargo del Ejército. Hasta 2010, el lugar era un bar llamado Rockenfeller. Una broma siniestra: el relax de tomarse un gintonic sobre el sótano oculto donde persisten los fantasmas, otro decreto del olvido compulsivo.
  • Eduardo Molinari acaba de manifestarlo: la depuración del arte es un mecanismo vigente y (re)activo. Contra el Capital camuflado de pop, oponemos otro arte, activo, deseante, presente acá/ahora. Contra el olvido decretado, contra el olvido olvidado.
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El archivo que camina

Eduardo Molinari, Los Niños de la Soja (parte integrante de la muestra Pincipio Potosí, 2010). Instalación. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Madrid.
  • El trabajo de Molinari no está pensado directamente desde la historieta, sino más bien de una matriz en común con el devenir de las producciones culturales de masas: la multiplicidad, la fragmentación, la dispersión. Lo que me interesa es cómo, al retomar la tarea del archivista que piensa desde esos fragmentos resignificándolos al situarlos sobre un mismo plano, lo que vemos es una serie de imágenes ubicadas como viñetas. Toda la cultura es una gran puesta en página, donde el lugar y el diálogo que resulta de la interacción de sus elementos es una elección política en base a las perspectivas ideológicas de las partes constituyentes.
  • La obra hace dialogar a tradiciones desde una tensión en su distancia y cercanía: la iconografía americana, Benjamin, Warburg, Berardi, Virno, Kusch; una lógica operativa que nos permita salir de la fuerza centrípeta/centrífuga del gran lavarropas del Capital, que en su movimiento todo lo mezcla y redistribuye presentándolo como la misma sempiterna novedad que nace muerta. Los collages de Molinari son la práctica opuesta a la de la maquinaria infernal: el archivo, condensación y resguardo de una memoria caótica y múltiple y por eso mismo, vital. Un soldado apunta su arma mientras trepa por una planta de soja; la muerte es el casco guerrero de Videla (¿o es al revés?). La intención no es la transparencia, sino la evidenciación de ese montaje, del mostrar que hay ahí una operación deliberada de recomponer un sentido cuya materialidad nos interpele dejándonos sin excusas.
  • Los lavarropas, sin embargo, tienen su lugar. No se trata de negar esa fuerza que siempre está en la base, saliendo de su marco, amenazante. En todo caso, retomando a Virno, es la negación-de-la-negación. La imaginación de potencias singulares y colectivas (re)creando su propia historia en el momento mismo de la acción.
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