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La casa invita

Dead Pop

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Que vivan los monstruos

Pedro Mancini, Disparo Rayos por los Ojos, Dead Pop, 2014.

Que vivan los monstruos

Prólogo a Pedro Mancini, Disparo Rayos por los ojos, Dead Pop, Buenos Aires, 2014.

El juego que Pedro propone viene siendo más o menos así: diferentes puertas que llevan al mismo mundo; postales desconocidas de lugares imposibles y perturbadoramente familiares. A veces uno cree ver una calle de la provincia de Buenos Aires, otras un bosque, reconocemos una tetera, una mesa, una pecera. Pero todo está filtrado por ese efecto de extrañamiento que Pedro el Alquimista produce con su fórmula desconocida. Lo cotidiano se vuelve amenazador, los extraños somos ahora nosotros que hemos penetrado en ese mundo y nos encontramos atrapados por él. Como si un hechizo hubiera hecho de Pedro un barquero entre los mundos, cuyo destino es transportar visitantes quienes no sospechan su destino, pero no pueden evitar dejarse arrastrar por el encantamiento oscuro.

El mundo de Pedro es un aleph: caben en él todos los mundos posibles (e imposibles). El Bosco y Moebius, David Lynch y William Burroughs, René Magritte, Maurice Sendak y H. P. Lovecraft; el manga, Batman y su galería de enemigos; He-Man. Pero dar estas coordenadas es perfectamente inútil: la brújula de ese mundo cambia constantemente,  no hay norte; sus caminos se pierden en esos bosques de meriendas arcanas, en esas habitaciones de un vacío infinito, en la muerte que nos sorprende al dar vuelta la esquina en nuestro camino a quién sabe dónde. Son coordenadas que uno traza, no porque sean necesariamente verdaderas, sino porque tenemos que aprender a hacer pie en ese crosshatching que a veces lo devora todo, y otras veces sirven de refugio al vacío del blanco (¿o es al revés?). Admítelo, tú que observas: estás perdido/a. Bienvenido al mundo donde habitan los monstruos.

¿Pero qué monstruos son esos? El origen latino de monstrum sirve tanto para definir la crueldad y la perversidad como para señalar aquello que causa asombro y espanto. Los monstruos son, en el caso de Pedro, los que constituyen otra normalidad. Esta a-normalidad es un espejo, porque esperamos la deformidad sin disfraz. Pero todo rostro es una máscara ¿y quién sabe cuántas de esas mascaras ocultan en realidad gusanos, portales a ese mundo de horror que siempre amenaza irrumpir en nuestra rutina de lo normal? La pregunta me perturba, y llegado el punto, no sé de qué lado están los verdaderos monstruos – o el mal, si así se prefiere -.

Pedro parece estar transcribiendo aquello que le es dictado desde un más allá que, como un automatismo que fluye desde la profundidad del inconsciente – memorias de un tiempo antes del tiempo -, y que es revelado a través de los rayos de los ojos de su escriba. Como en Lovecraft, Pedro re-construye aquello que nos precedió  y de lo que no guardamos memoria. Pero la diferencia está en que Lovecraft encontraba la locura y la repugnancia; Pedro encuentra un refugio, aún más: otro mundo donde es posible ser monstruo sin ser malo, donde ser un a-normal es el principio de toda ciudadanía. Donde el Ratón Mickey, desenmascarado, muestra lo que esconde su sonrisa disneylandizada. Mickey Mouse está muerto; que vivan los monstruos. Sólo ellos han sabido estar vivos en lo profundo de sus oscuras ceremonias, en su deformidad anti-normativa.

Michel Foucault recuperaba un dibujo de botánica del siglo XVIII como metáfora del tiempo de la razón y de su disciplinamiento feroz – la invención de la normalidad -. En el grabado, una planta era atada a una vara para evitar que en su crecimiento se desviara de la recta del crecimiento vertical. Esa mirada transformaba definitivamente aquella naturaleza que no tenía por qué tener un orden estético – siendo entonces la estética una imposición, una ideología -. Pedro da a su mundo el obsequio del desorden, corta la vara y deja que sus deformes crezcan y se multipliquen como los peces que flotan entre los cuadros. Todo es una fiesta de cumpleaños, la celebración de los monstruos. Entonces, sí, al menos algo podemos entender: somos invitados a compartir la alegría de ser anormales. Yo, por mi parte, he trazado mis propias coordenadas. Ustedes harán las suyas. Y como en el clásico bizarro de Tod Browning, me siento a la mesa de los freaks a corear, celebrando junto con Pedro, mi inclusión en lo monstruoso: One of us! One of us!

Uno de nosotros: ése es tu regalo, quien quiera que seas – o quieras ser -, al pasar por el portal. Que vivan los monstruos.

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La nueva vieja tradición

Renzo Podestá, El Aneurisma del Chico Punk (Capítulo 6, Episodio 5, 18 de septiembre de 2012)
  • La pesadilla destruye sucesivamente el plano de la página, la fragmenta y las viñetas surgen más de las esquirlas que de la diagramación más formal que el autor venía utilizando. Es una buena muestra de cómo funciona el esquematismo en la historieta: instituye una manera de lectura a través de una serie de paneles más o menos fijos, para dar paso a un cambio de perspectiva que potencia su efecto disruptor distanciándose de la puesta en página inicial para hacer estallarla en mil pedazos tomándonos por asalto.
  • La historieta que se pone en cuestión a sí misma es sin duda factor constituyente del lenguaje y tan viejo como él. Es extraño y emocionante pensar cómo una pagina como ésta continúa una labor ya propuesta por McCay hace más de un siglo, que Podestá recupera para nosotros. ¿Hasta qué punto se trata de una transmisión consciente o inconsciente de esos mecanismos; hasta qué punto se trata de la percepción lúcida de la lógica de un lenguaje que presente los mismos recursos en obras tan distantes en espacio y tiempo?
  • Podestá es un buen ejemplo del surgimiento de una práctica autoral inescindible de un proyecto editorial. Son tiempos interesantes.
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Así pasan los días (negros)

Odyr y Damián Connelly, Ed Carter (Dias Negros, 2012). Dead Pop.
  • El último CRACK BANG BOOM en Rosario permitió ganar cierta perspectiva del circuito de la historieta en Argentina, con sus conexiones locales e internacionales, específicamente latinoamericanas. Un proyecto presentado en el festival fue el de Dead Pop y su Días Negros, una pieza interesante que creo habla mejor de la especificidad de la nueva camada de historietistas – Connelly, Podestá, Berliac, Loris Z, Odyr, San Juan, Vigo -. Nucleados desde el proyecto editorial La Pinta, su sitio Factum y su nombre colectivo Convoy, la propuesta está en la reinvención del género. Tal vez el aspecto deconstruccionista del cómic haya llegado a un punto muerto, entonces cabe preguntarse ¿cómo seguir utilizando los géneros a nuestro favor?
  • Días Negros presenta de manera interesante ese abanico autoral, historias autoconclusivas  sin continuidad predeterminada. Se trata antes bien, de estrategias narrativas: policial hard-boiled con thriller sobrenatural, con David Lynch proyectando su sombra desde Twin Peaks. El brasileño Odyr es sin duda una gran revelación. El uso del acrílico empastado, las figuras que se muestran como a través de una ventana llovida, la escala de grises, el blanco y negro; recuerda al trabajo de Alberto Breccia de finales de los ´70 y principios de los ´80. La atmósfera es espléndida, las viñetas no terminan de cerrarse, su marco no está del todo fijo. Es una historieta onírica, soñada por ese detective melancólico que pasa del horror fantasmagórico a la soledad de un cafetín de Hopper. De alguna manera, él también es un fantasma.
  • La colaboración entre Brasil, Argentina y Uruguay está tomando formas interesantes, una manera de conocer desde el lenguaje historietístico las formas de un decir/contar en un medio y un circuito siempre en construcción. Otro día ahondaremos en la esta nueva geografía de la historieta, por lo pronto estamos invitados a sumarnos a Dead Pop.

Algunos de los autores estarán haciendo una presentación el sábado 8 de septiembre en Espacio Moebius.

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