Archivo de la etiqueta: Daniel Santoro

El ángel de la Historia

Miguel D´Arienzo, Eva Arcabucera (2000). Óleo, témpera y collage sobre tela, 210 cm. x 210 cm. Galería Isabel Anchorena, Buenos Aires.
  • La figura del Ángel Arcabucero – o los Ángeles del arcabuz –  data del siglo XVII y es una iconología sui generis – y por lo tanto, no-canónica – desarrollada por la Escuela de Cuzco. El origen está, como suele pasar, en discusión. Es posible que los uniformes hayan estado basados en manuales militares europeos del siglo XVI; que los arcabuces fueran la síntesis de Illapa, dios del trueno andino, con Santiago – apócope de San Iago, nombre invocado por los arcabuceros españoles al momento de disparar -. D´Arienzo une esos puntos para reforzar la idea de la política – acaso la existencia – como experiencia estética latinoamericana, con Eva como referente político moderno que lleva en sí la carga explosiva de la rebelión fermentada durante siglos en el continente.
  • El collage enfatiza justamente eso: la superposición, la coexistencia caótica y real de los rostros dibujados en la base, con el rostro de una Eva angelizada – aprovechando la androginia de los seres celestiales -, un ángel armado usando tacos y medias de red. Dos perros-simios – uno blanco, el otro oscuro – la flanquean a sus pies. El marco rococó impone el kitsch inevitable de la biografía/novela rosa. Un corazón embanderado flota como un globo perdido. El fondo, una ciudad en ruinas o en construcción. Desde el caos, Eva alada sostiene su mirada hacia nosotros.
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Memorias del subsuelo

Daniel Santoro, Colonia de vacaciones en Mina Clavero (2009). Óleo sobre tela, 140 cm. x 110 cm.
  • Ese subsuelo, como la cabeza-olmeca-mascarón-de-proa de Vitullo que fue enterrada en algún sótano consular, como la foto de la ninfa-santa recuperada dos décadas más tarde, aparece en la obra de Santoro explícitamente. La sinécdoque material de esa estructura del sentimiento como definía Daniel James al peronismo, retomando el concepto de Raymond Williams. Es el desafío a la razón-lógica histórica según un modelo eurocéntrico tan respetado por la intelligentsia de izquierda como por el patriciado. Esas restos monumentales – como la Estatua de la Libertad en Planet of the Apes – que dan cuenta que seguimos existiendo en este lugar, a pesar del apocalipsis tantas veces vivenciado.
  • El siglo XXI encuentra a los artistas preguntándose qué implica la superposición de esas capas de alta densidad histórica reciente e inmediata en esto que insiste en llamarse Argentina: diciembre de 2001, Bicentenario, sociedad de control neoliberal, la pesada carga de la dictadura. Vuelvo a Santoro: por un lado, el uso de la ironía. Victoria Ocampo mirando desde su loft la vuelta del malón, la retrospectiva estética es también uno de los campos de la lucha de clases. Por otro, el naïve con su registro terrible y melancólico, otra evidencia de cómo el distanciamiento tiende a deshistorizar las luchas de un pasado-presente devenido juguete – lo serio expulsa lo lúdico, lo lúdico no niega lo serio -.
  • Y tal vez, la carga más pesada de Eva, sublimada por el peronismo – el peronismo es la sublimación de su núcleo radical-revolucionario -. La sonrisa no niega la violencia, interroga: ¿hasta qué punto democracia implica libertad política? ¿Se puede ser verdaderamente popular sin llegar a ser revolucionario? Imaginar/constituir otras formas de vida en un mismo movimiento, ya no contra sino en sídesde sí, saboteando el constante pulso del poder instituido que nos deja la espuma mientras nos arrastra la marea.
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Atribuciones Pop

Kirsten Dunst, Melancholia (Lars von Trier, 2011). Zentropa Entertainments/Memfis Film.
Timothy R. Michitson,  Póster de American Repertory Theater: Hamlet (2009). Lápiz sobre cartuliza, Adobe Illustrator, 27,94 cm. x 43,18 cm.
Ai Tanaka, Ophelia (ca. 2005). Técnica Digital.
Daniel Santoro, La madre de Juanito llevada por el río II (2005). Acrílico, óleo y dorado a la hoja, 180 cm. x 180 cm.
Silvia Camporesi, Ofelia (2004). Fotografía.
 Gregory Crewdson, Untitled (Ophelia) (2001). Fotografía. Luhring Augustine Gallery, New York.
 A. J. McEver,  Ophelia ( 2000). Fotografía.
Diana Elliot, Ophelia (1999). Fotografía.
Nick Cave y Kylie Minogue, Where the Wild Roses Grow (Rocky Schenck, 1996). Mute Record.
The Last House on the Left (Wes Craven, USA, 1972). MGM.

The Last House on the Left (Wes Craven, EStados Unidos, 1972). MGM.

Jessica Holland (Christine Gordon), I walked with a zombie (1943), Jacques Tourneur.  RKO Radio Pictures.
Margaret MacDonald, Ophelia (1908). Acuarela.
Odilon Redon, Ophelia (ca. 1905). Pastel sobre papel montado sobre tabla, 50,5 x 67,3 cm. The Woodner Collection, National Gallery of Art, Washington.
Paul Albert Steck, Ophelia (1895). Óleo sobre tela, 98 cm. x 162 cm.
Alexandre Cabanel, Ophelia (1883). Óleo sobre tela,  77 × 117,5 cm. Colección privada.
Paul Delaroche, La Jeune Martyre (o La Ofelia Cristiana, 1855). Óleo sobre tela, 59 cm. x 68 cm. Musée du Louvre, París.
John Everett Millais, Ophelia (ca. 1851). Óleo sobre tela, 76,2 cm x 111,8 cm. Tate Gallery, Londres.
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