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La historieta salvaje

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Copi, LD. Literatura Dibujada Nro. 1 (noviembre de 1968). Summa-Nueva Visión, pp. 45-47.

Copi, LD. Literatura Dibujada Nro. 1 (noviembre de 1968). Summa-Nueva Visión, pp. 45-47.

 

–¿Participa Copi de la bufa a la religión, una marca de estilo de Charlie?

–No directamente a la religión… no lo diría así, el enemigo para Copi es el sentido común burgués y la hipocresía bien pensante. Le mete crítica tanto al progresismo como a los viejos conservadores. En sus tiras hay curas pedófilos y monjas lesbianas. La temática religiosa siempre está asociada al sexo.

–¿Lo ves a Copi hoy haciendo humor satírico sobre la cuestión islámica?

–No. Copi trabajó la cuestión musulmana a lo largo de su narrativa y, sin embargo, excepcionalmente migró a la historieta. En las novelas muchos de los personajes amantes de Copi, que es a la vez el protagonista de muchas de sus propias novelas, son musulmanes, homosexuales y desposeídos, se llaman Ahmed y él siempre se enamora de ellos. Vas a encontrar a los Ahmed en novelas y cuentos como Las escaleras del Sacré Coeur , La Torre de la Defensa o Virginia Woolf ataca de nuevo . Estos musulmanes son tipificados como exiliados, al igual que Copi, y aman con pasión desenfrenada. En Las escaleras del Sacré Coeur , narra el amor de Lou, una lesbiana, y Ahmed, un homosexual. Seres marginales del barrio de Montmartre en el que conviven musulmanes, maricas y artistas. Ahmed y Lou se casan pero están condenados de antemano. Cuando al fin hacen el amor, en el acto final, él le dice a ella: “Si yo te deseo en mujer también te deseo en varón”. Y eso es lo que pasa con Copi. No hay burla, no podría haberla. No hay sátira en la narrativa ni en su humor. Sólo tragedia.

La entrevista completa a Laura Vazquez, acá.

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Copi o el dilema de la mujer sentada

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Raúl Damonte Botana nació en Buenos Aires en 1939 y murió en París en 1987. Hijo del periodista Raúl Damonte Taborda, quién fuera diputado y director del diario Tribuna Popular, y de Georgina, la hija menor de Natalio Félix Botana, fundador del diario Crítica. Su abuela, Salvadora Medina Onrubia, era escritora y dramaturga. Sería esa mujer quien diría al verlo recién nacido: “es blanco como un copito de nieve”, destinándolo a esa máscara llamada Copi.

Pasó la mayor parte de su infancia en Montevideo, de dónde provenía la familia de su abuelo materno, Natalio Félix Botana. Las actividades políticas de su padre (antiperonista) hicieron que su familia se mudara primero a Uruguay, luego a Haití y Nueva York. De regreso a la Argentina, derrocado Perón, siendo un adolescente comenzó dibujando caricaturas en Tribuna Popular y en la revista Tía Vicenta.

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En 1962, Copi se radicó en París dónde al poco tiempo comenzó a actuar con el Grupo Pánico, creado por Alejandro Jodorowsky, Fernando Arrabal y Roland Topor y al que más tarde se sumó Jorge Lavelli, quién a partir de 1966 dirigiría las obras de Copi. A mediados de esa década, comenzó a dibujar la tira La femme assise (La mujer sentada) para el periódico de izquierda Le Nouvel Observateur, y colaboró con las revistas de Editions du Square como Hara Kiri. También fue autor de novelas como El uruguayo (1973), y La guerra de las locas (1982), así como varias obras de teatro, como Eva Perón (1970) y La Tour de la Défense (1981) y una ópera, Cachafaz.

Copi, La mujer sentada (Le nouvel observateur, ca. 1966)

Copi, La mujer sentada (Le Nouvel Observateur, 1966-1968). Cuenco de Plata, 2013.

Daniel Link nos dice: desde el papel de la loca, se sobrevive haciendo reír, frente a la siempre presente amenaza del exterminio. Remite a la figura maternal desde esa tía de Proust. “¿No es el humor, en última instancia, ese cambio radical de las formas naturales y esa exterioridad respecto de si?”

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Dice Laura Vazquez*: Copi trasviste y trafica sentidos e identidades (lo sexual, lo rioplatense, lo europeo, el humor, la política, el arte, el dibujo, el teatro, lo alto y lo bajo). Es un autor de las orillas, del barro, y con ese barro construye sus obras. Es también el expulsado, el que no cumple con la norma que le han impuesto desde antes de nacer. Si lo paternal lo exilia – y por lo tanto, el país conservador -, la figura de la mujer/madre es el Río de la Plata al que se vuelve.

Copi, La mujer sentada (Le nouvel observateur, 1966-1968). Cuenco de Plata, 2013.

Copi, La mujer sentada (Le Nouvel Observateur, 1966-1968). Cuenco de Plata, 2013.

Cita de David Oubiña: “una perspectiva estética que expande en vez de acotar y que irradia en vez de singularizar”. Es una extremación de los lenguajes, en este caso del humor gráfico y la historieta, pero también del teatro del absurdo y la parodia. Es una tira minimalista porque se construye en torno al vacío, y las líneas en ese vacío se presentan como lo frágiles que son, aunque los textos quieran indicar otra cosa. Los personajes, en concreto, mienten. Y es el recurso del lenguaje historietístico que Copi usa de manera perfectamente consciente el que denuda cada vez esa impostura. Como decía Masotta: un lenguaje que no puede evitar mostrarse a sí mismo como tal cada vez. “La repetición y la diferencia como mecanismo de representación”. La mujer es terrible, tanto víctima como victimaria. Pero los personajes cambian de roles, de historias, mientras la mujer sigue sentada.

Copi, La mujer sentada (Le Nouvel Observateur, 1966-1968). Cuenco de Plata, 2013.

Copi, La mujer sentada (Le Nouvel Observateur, 1966-1968). Cuenco de Plata, 2013.

 

*Vazquez, Laura. “Sobre una mujer calva, un pollo y silla. Las lenguas bífidas de Copi”, en Designis, primavera de 2014. En prensa. Agradezco a la autora el haberme permitido leer el artículo.

 Estas son algunas de las reflexiones que se generaron en el encuentro del Círculo de Estudios en la UNSAM: La historieta en los (des)bordes. Mañana, estaremos hablando de Los Breccia. Considérense invitados.

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