Archivo de la etiqueta: Biopolítica

Las vidas (y las muertes) lloradas

Geroge Lamontagne III, diseño de la perspectiva de un drone para proyecto de simulador militar de disparo en primera persona (2011).

George Lamontagne III, diseño de la perspectiva de un drone para proyecto de simulador militar de disparo en primera persona (2011).

¿Podría ponernos algunos ejemplos que demuestren el modo en que un gobierno convence a la población para que desee la muerte del enemigo?

La justificación por la que merece la pena matar sólo puede ser entendida en el contexto particular de una nación concreta. Por ejemplo, cuando los periodistas estadounidenses empezaron a decir que el Islam era una sociedad ‘pre-moderna’ y que su población aún no había alcanzado la modernidad, en verdad estaban diciendo que esas sociedades no se ajustaban a las ideas de persona-humana que nosotros habíamos alcanzado gracias a la modernidad. Por tanto, esas poblaciones aún no habían logrado la condición de ‘ser humano’ que nosotros sí tenemos. En otras palabras, la destrucción de esas sociedades no era otra cosa que la destrucción de pre-humanos. Del mismo modo, si la sociedad es intrínsecamente militar y si entendemos que los cuerpos de sus integrantes son simplemente máquinas militares, al aniquilarlos no estaremos matando a seres humanos, sino destruyendo unos objetos que tienen el mismo valor que los tanques y los cañones.

La entrevista a Judith Butler, acá.

Anuncios
Etiquetado , ,

La chica y la pantera

Salvador Sanz, Angela Della Morte (FIERRO Nro. 86, diciembre de 2013). Editorial Las Doce.

Salvador Sanz, Angela Della Morte (FIERRO Nro. 86, diciembre de 2013). Editorial Las Doce.

Hace tiempo que vengo pensando en la obra de Salvador Sanz, impresionado por una técnica increíble, detallista, limpia, fría y terrible. La paleta de grises – a veces todo aparece visto desde una cámara de seguridad – de Sanz otorga una ambivalencia moral a todo su relato dentro de la saga de Angela Della Morte. No está claro quiénes son los buenos y los malos, y poco importa. La misma Angela es un ser que lleva consigo el mal y que lo combate no en un plano metafísico, sino político. Es decir, todos portamos esa capacidad destructiva pero el reconocimiento de ese hecho no nos exime de posicionarnos políticamente. En todo caso la pregunta es ¿a quién elegimos servir y por qué?

Planteado así, pareciera ser que no hay escape de una lógica perversa – la de la inevitable servidumbre -. Pero lo cierto es que los cuerpos escapan constantemente de sí mismos para caer…en otros cuerpos. La materia es la constante en todo ese devenir, la biopolítica – definida como el manejo de los cuerpos en la sociedad de masas – es un campo de combate y no de mero disciplinamiento social.

Pero lo que queda descentrado, distorsionado en los universos de Sanz es justamente el conjunto social. En Desfigurado  – escalofriante predecesora de Matrix -, en Legión – acá el trabajo en color es la excepción y es clave en el relato de la historia – o en Nocturno, lo que se pone en cuestión es cuánto de real tiene la realidad. Si lo que sostiene la cordura socialmente instalada y culturalmente determinada es desafiado, ¿entonces qué queda? He ahí la constante de la obra de Sanz: lo real como límite a una percepción que amenaza con superarla.

Vuelvo a esa página de inicio con la chica y la pantera. Es uno de esos momentos que se sostiene por sí solos, una anomalía encadenada a un marco narrativo que la engloba pero que no la reduce a la concatenación. Pensé en el efecto de los cuadros de Henri Rousseau, como La gitana dormida o La encantadora de serpientes – o el análisis que retoma Juan Forn sobre los monos -, donde el misterio surrealista surge de la incompatibilidad inicial de los cuerpos y el escenario. Es el secreto de la Naturaleza: lo que tiene de bello y lo que tiene de amenazador son inescindibles. El cambio de escenario en Angela Della Morte pasa de los paraísos artificiales – ¿acaso no lo son todos? – al frío del espacio, a la utopía tecnocrática, al trabajo. El escape pareciera ser siempre al vacío desconocido: el mar o la galaxia. El ángel de la muerte cambia de cuerpos, como sus aliados, pero algo del deseo persiste contra el rol previamente asignado. En esa resistencia queda el cuerpo dividido contra sí mismo, y en el paraíso breve el testimonio de los cuadros que muestran un más allá donde Angela, hermosa, apenas llega a mojarse los pies.

Etiquetado , , , ,

El Cuerpo Escindido – La Piel que Habito (2011), Pedro Almodóvar

Advertencia: esta crónica contiene datos importantes sobre la trama de La Piel que Habito.

 Todo en La Piel que Habito – desde su título – compone una escisión. Vicente/Vera – la verdadera -; la madre y sus dos hijos de padres diferentes; los hermanos – igualmente salvajes, diferentes estilos de barbarie -; el cirujano entre la ciencia y la ética, entre su vida y la negación de la vida, su hija y su esposa, su pasado y su presente. Las escisiones componen relaciones fatales, se entrecruzan, se aniquilan, se devuelven su reflejo oscuro. Y se rescatan, a pesar del dolor y gracias a él. Almodóvar presenta lucidamente una cuestión clave, la falla constitutiva del sujeto moderno: la falsa división cuerpo/mente. Todo es cuerpo en la inmanencia radical de la vida. Se es en la medida en que se percibe que se es y en como somos percibidos por otros. El sujeto no ha elegido su sexo, su género, sino que se le ha impuesto desde una categoría. El cuerpo nunca deja de sufrir, y al mirarse al espejo descubre de manera angustiosa eso que es, pero que no deja de percibirse como otra cosa, como aquello que fue y que ha dejado de ser, existe en sí, pero no para sí. El género negro, al que Almodóvar nunca ha dejado de deconstruir/reconstruir, presenta el crimen como lógica de funcionamiento de ese mundo de relaciones personales destructivas. La pasión – no por nada la productora se llama El Deseo – cambia continuamente a víctimas y victimarios de posición, peones de un juego cuyas reglas nunca se determinan, pero existen. La última palabra, sin embargo, no pertenece a la muerte, sino a una reafirmación del percibirse según el deseo propio: “Soy Vicente”, afirma Vera, frente a su madre y a su amiga. Entonces el ojo de la cámara se cierra para abrirse en otro lado.

Etiquetado , , ,
Anuncios