Decíamos ayer…

PEÑA NIETO VIAJO A GUERRERO Y PIDIO “SUPERAR EL DOLOR”

Los padres de los 43 desaparecidos exigieron nuevas líneas de investigación

Los familiares de los 43 estudiantes desaparecidos desde hace dos meses criticaron a la Procuraduría General de la República mexicana por haberse quedado sólo con la tesis de que los restos hallados en un basurero del municipio de Cocula correspondían a sus hijos, y rechazaron el llamado a “superar Ayotzinapa” hecho por el presidente mexicano, quien ayer estuvo por primera vez en el estado sureño donde ocurrieron los hechos.

MARCHA EN MEXICO

Villa, Zapata y los 43

Organizaciones campesinas encabezadas por descendientes de Francisco Villa y Emiliano Zapata marcharon para conmemorar los 100 años de la entrada de los líderes revolucionarios a Ciudad de México y para apoyar el reclamo por los 43 estudiantes de la escuela de Ayotzinapa, desaparecidos hace dos meses.

Unos 200 jinetes avanzaron a caballo desde el Bosque de Chapultepec hasta el Monumento a la Revolución en el aniversario de los 100 años de la entrada de Villa y Zapata junto a más de 50.000 hombres a la capital mexicana como una muestra de poder en el momento culminante de la Revolución Mexicana (1910-1917).

Por eso, decíamos que…

Ayotzinapa

Diego Rivera, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947). Fresco, 15,60 ,ts. x 4,70, Museo Mural Diego Rivera, México, D. F.

Diego Rivera, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947). Fresco, 15,60 mts. x 4,70 mts. Museo Mural Diego Rivera, México, D. F.

Una frase atribuída a Profirio Díaz, el hombre fuerte de México que definió toda una época – el Porfiriato, 1876-1911 – ha quedado impuesta como el estigma mexicano: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Lo cierto es que la frase pertenece, al parecer, a Nemesio Garcia Naranjo, director del diario La Tribuna e intelectual mexicano. Pero el hecho que se le atribuya a esa condensación de la historia latinoamericana – pendulando siempre entre la tiranía y la revolución – que es Porfirio Díaz le otorga varias capas de sentido que aún resuenan cuando se menciona la frase. Y cuando se la piensa.

La familia de Enrique Peña-Nieto, el presidente mexicano, es aquello que nosotros en Argentina – cada país tendrá lo suyo, sobre todo en Latinoamérica – mejor identificamos con el menemismo y su herencia que hasta hoy reaparece cuando esas estrellas de cuarta categoría, viejos deportistas, vedettes, opinólogos e idiotas de todas las clases asumen un rol político desde una candidatura que tiene tanta sustancia y consistencia como la espuma marina. Sin embargo, no hay que subestimar la banalidad del poder, o mejor dicho, la banalización de la realidad que el poder ejerce impunemente, porque acaso el poder del poder sea justamente la impunidad. Ejemplo: ante la insensibilidad demostrada por el presidente mexicano y las instituciones del Estado Federal – incluyendo por supuesto a las fuerzas de seguridad que se apuraron en reprimir las protestas y manifestaciones en cada oportunidad que tuvieron -, la familia presidencial se dedicó a celebrar con los fastos correspondientes a Halloween (“[…] tan cerca de los Estados Unidos”), en la residencia oficial de Los Pinos. La hijastra de Peña-Nieto, Sofía Castro (sobrina de Verónica Castro y prima de Cristian Castro), lució un disfraz de La Catrina o La Calavera Garbancera, la mujer-esqueleto cración del dibujante y caricaturistas José Guadalupe Posada (1852-1913).

Sofía Castro como La Catrina, 29 de octubre de 2014, Los Pinos, México D. F.

Sofía Castro como La Catrina, 29 de octubre de 2014, Los Pinos, México D. F.

Lo de “garbancera” hacía referencia a lo que podríamos llamar cierto “mediopelo mexicano”: una pequeña burguesía de vendedores de garbanzos que pretendía ser europea, disfrazando su indianidad con sombreros de pluma franceses, por más que no pudieran así disfrazar la desnudez de sus huesos. Acaso sin saberlo, pero con todo el peso de su clase, Sofía Castro ha cumplido el mandato del anatema mexicano: La Catrina garbancera que festeja Halloween mientras el pueblo reclama por sus muertos, por sus jóvenes, por sus estudiantes de la carrera de maestros normales, histórica formación de cuadros revolucionarios que han quedado como recordatorio de aquel hito que reaparece como viejo topo.

La Catrina o La Calavera Garbancera, de José Gudalupe Posada (1913).

La Catrina o La Calavera Garbancera, de José Gudalupe Posada (1913).

En su mural, Rivera presenta en el centro a La Catrina del brazo de su creador, Posada, flanqueada por el mismo Rivera que aparece como niño, con su cara de “adorable batracio” como le decía Frida Khalo. La mismísima Frida aparece detrás de él mostrando el símbolo del ying y el yang. Sobre la izquierda de La Catrina, mas atrás y un plano algo superior, el mismísmo Porfirio Díaz con todas las galas militares decimonónicas oficia de busto tutelar. Se condensan a un lado y a otro personajes de toda la historia de México, desde los autos de fe coloniales a la represión policial de los campesinos (y éstos en los márgenes del cuadro, o siendo empujados hacia ellos, siempre hacia el linde de la historia donde no puedan verse, donde desaparezcan, donde no tengan lugar en la Gran Foto Nacional). Benito Juárez, los revolucionarios, los criollos, los indios y mestizos, militares e intelectuales. Esa foto irresuelta – porque sus personajes están en pugna, pero ésta no está decidida, no termina, ¿acaso alguna vez lo hará? – es la que hoy vuelve a nosotros en la tragedia de Ayotzinapa. Ese lugar donde Morelos en 1813 asentó las bases de una repartición más justa de las tierras, de una comunidad sin patrones, de la solidaridas y el justo reparto y partición de los recursos de la tierra y de la vida. Esa misma vida que hoy es negada por el crimen del poder y el narcotráfico, que son la misma cosa.

¿Qué está pasando en México? Ésa es la pregunta a la que los medios en general responden como mejor saben hacerlo: fragmentando, ocultando, mostrando separado lo que está junto, y junto lo que está separado, por usar la fórmula de Guy Debord. Los invito a leer el Manifiesto “Por un México sin crimen”, donde se expresan las razones y se convoca a firmar el manifiesto, con la idea de recolectar firmas y continuar una campaña de denuncia, revelación, despertar, pérdida de miedo, hartazgo, valentía…es decir, todas esas pasiones contradictorias que a veces la multitud convierte en desastre, y otras, como en esta, en reivindicación de la vida.

El Manifiesto, acá.

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Atribuciones Pop

El Matadero de Esteban Echeverría, ilustrado por Carlos Alonso (1966). Centro Editor de América Latina, Buenos Aires.

El Matadero de Esteban Echeverría, ilustrado por Carlos Alonso. Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1966.

Carlos Alonso - El Matadero (detalle, 1966)

El Matadero de Esteban Echeverría, ilustrado por Carlos Alonso (detalle)

El Matadero de Esteban Echeverría, versión de Enrique Breccia. Fierro Nro. 1, Ediciones de la Urraca, Buenos Aires, septiembre de 1984. Cuadro 6, pág. 3.

El Matadero de Esteban Echeverría, versión de Enrique Breccia. Fierro Nro. 1, Ediciones de la Urraca, Buenos Aires, septiembre de 1984. Cuadro 6, pág. 3.

 

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Un cuadro, una canción

John Bauer, Agneta y el Rey del Mar (12 de marzo de 1911)

John Bauer, Agneta y el Rey del Mar (12 de marzo de 1911)

John Bauer, Agneta y el Rey del Mar (1910)

John Bauer, Agneta y el Rey del Mar (1910)

John Bauer, La llave dorada (1915)

John Bauer, La llave de oro (1915)

 

 

 

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¿Qué ves cuando me ves? – Contracted (Eric England, 2013)

Contracted (2013)

 

De alguna manera, Contracted retoma ese gesto universalizador que ha permitido a algo tan demodé como los X-Men mantener su contemporaneidad – y no porque siempre hayan sido contemporáneos: hasta la llegada del tándem Byrne-Claremont (en la década del H.I.V. además)  eran literalmente una rémora del laburo industrial-demencial de Kirby/Lee dos décadas atrás -. La cuestión es: en la adolescencia algo te pasa, algo se jode para siempre. Y ante esa disyunción, que es tomar consciencia de los propios defectos antes que de la propia potencia, uno se destruye un poco. Podría ser disparar rayos de los ojos y destruirlo todo, o saber lo que todos piensan todo el tiempo, o tener pelos azules por todo el cuerpo, etc. En este caso, en este tiempo, es una suerte de adolescencia tardía, tecnologizada, donde las sexualidades son bastante fluidas (del lesbianismo al heterosexismo hay un paso, o dos, o tres, ida y vuelta) y donde todo ese extraño mundo por momentos tan ascéptico – a pesar de todo, y justamente por eso – va a parar al diablo con la vieja sabia y puta Madre Naturaleza: un virus. ¿Cuál? De eso se trata, de lo desconocido.

En breve, todo empieza con una escena de necrofilia. Y claro, pocas cosas más concretas que la necrofilia…en principio. Porque ese escena se va a resignificar con el tiempo desde una pregunta muy jodida, muy perturbadora: de un lado un vivo, de otro una muerta, pero ¿quién se coge a quién? Ése es el dato a tener en cuenta, ya que si ésa y no otra es la lógica de la trama de la película propiamente dicha, es básicamente la historia de los mecanismos de transmisión de un virus. Es decir, que Contracted nos revela que si nos abstraermos de la trama zombie – mejor dicho, que es posible abstraerse de esa trama -, estamos frente a la posibilidad de un parasitismo de una especie sobre otra donde la última no termina de aceptar la ruptura de la imagen que tiene de sí misma como especie dominante.

Esto dado, además, en una sociedad del consumo de la imagen. Esa especie de visión sobre el posmodernismo donde ya no sólo consumimos mercancía en su materialidad sino que antes que nada consumimos e intercambiamos íconos – producto siempre de una explotación, el plusvalor del sudor indio, filipino, chino, boliviano, etc. – , ha dado un giro interesante y preocupante: consumimos la imagen de nosotros mismos – y la de los otros, que a su vez nos consumen – como la cosa en sí. Somos imagen, estamos cada vez más atados a esa auto-reproducción digital la cual al mismo tiempo intentamos corregir esquizofrénicamente todo el tiempo reemplazándola con…¡más imágenes! ¿Qué pasara si fueras tan feo, tan deforme, tan repulsivo que no pudieras existir en la sociedad de la imagen porque les recordás a los demás cuan carnales son, y cuán cruel y defectuosa puede ser la carnadura?

A Samantha (Najarra Townsend) todos la sienten extraña. Rápidamente les causa a todos sus conocidos/familiares/amantes una gran repulsión, aunque eso no sea evidente en principio para uno como espectador, ni teóricamente para ninguno de los personajes. Pero algo ha cambiado en esa chica, y no hay vuelta atrás. Y vuelvo a la tesis del principio, con los mutantes en la época del SIDA: Samantha es lesbiana pero no se decide a hacerlo o decirlo (que acaso terminan siendo la misma cosa en una sociedad donde uno debe autorepresentarse todo el tiempo), dependiendo el contexto y el lugar: ¿De qué trabajas? ¿Vos qué hacés? ¿De qué equipo sos? ¿De qué signo sos? ¿Qué música te gusta? ¿De dónde sos? Y el castigo ocurre sobre ella en la forma (violentada alla rohypnol) de la relación normativa – un hombre al que sólo conocemos por B.J., a quien nunca le vemos el rostro y al que lo busca urgentemente la policía por alguna oscura razón. Esa transgresión le cuesta a Samantha su humanidad. Es raro cómo el sentido de desviación ha cambiado: antes era ser eso otro, ahora es no decidirse de qué lado estar. Es decir, la homosexualidad es perfectamente aceptable (eventualmente), mientras uno decida quedarse en ese campo, y no andar volviendo a desafiar los límites. Los reproches vendrán sobre todos de la madre y el doctor; la institución parental y la corporación médica, esos dos grandes disciplinadores.

La matriz ideológica de la condena a la homosexualidad se mantiene: es un acto no-reproductivo, por lo tanto, antinatural. Y esa antinaturalidad deviene horror, deformación, sufrimiento, desprecio, locura y muerte. Y es justamente esa anti-naturalidad, en el caso de los mutantes y en la de los zombies, la que se vuelve siniestra cuando se presenta como una amenaza más poderosa que la supuesta vida normal, natural, dada. Porque entonces ¿cómo definir entonces qué está dentro de la Naturaleza y qué no cuando la vida se muestra infinitamente reproducible incluso en sus más extrañas formas? Cuando se muestra una posibilidad que cambia radicalmente las reglas del juego, el mundo se destruye por estar basado sobre esas reglas.

Una última cachetada: la anti-naturalidad del acto no comienza como acto homosexual, sino como uno necrófilo. La desviación puede venir también del lado heterosexual a tal punto que supere esa normativa sin caer en el otro campo opuesto y complementario (la homosexualidad). Queda de un lado otro, ahí donde se pierde algo de la razón que, después de todo, no dejaba de ordenar las conductas en su totalidad – o al menos lo pretendía -. El sueño de la razón produce monstruos es una frase sumamente ambivalente. De ahí su encanto. En este caso, pienso que después de ver Contracted, significa que la Diosa Razón – aquella invención revolucionaria que reemplazaba las estatuas religiosas católicas en las iglesias de la Revolución Francesa -, cada tanto necesita dormir, y entonces el Mundo escapa a su control, a su cálculo, a su plan (que se supone además, era el de la perfección y dominio de la Madre Naturaleza).

 El horror de esta película de horror está en el descubrimiento que hace Samantha de sí misma como cuerpo: no me reconozco, no soy lo que soy, no quiero serlo. Estoy muerta pero sigo viva, y voy muriendo mientras mantengo la consciencia que me entrega al horror de la verdad. Mi razón es lo último que morirá, y mientras tanto, estoy forzada a ver esta imagen monstruosa de mí destruirlo todo, esperando y resistiendo el momento en que finalmenteme me destruya a mí.

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