Paredón y después

Mataderos era un barrio que se me fue metiendo muy adentro. Yo creo que en “Un tal Daneri” salió algo de lo que yo veía en esos años de juventud. Esos paredones de ladrillo, esas calles de barro, esas nubes que parecían estar al alcance de la mano de tan bajas. En Mataderos yo vi dos duelos criollo protagonizados por el Pampa Julio, un príncipe ranquel que se había hecho guapo. Uno de esos duelos, me acuerdo, era solo a planazos, y se iban rebanando de a poco. Sí, ese era el Mataderos de Daneri.
“Los dibujos y la vida”, entrevista a Alberto Breccia por Guillermo Saccomanno y Carlos Trillo, Historia de la historieta argentina, Editorial Récord, 1980, p. 148.

Un hombre llama a la puerta de una vidente, una bruja de barrio bajo que ha visto en su visión algo terrible: su hijo Julio – un delincuente al que busca la policía – va a morir a manos de un asesino. Lo único que sabe del verdugo es que lleva el rostro marcado. El que acaba de entrar y escuchar la historia es un tal Daneri, personaje misterioso y oscuro, que oficia de detective en este encargo privado. Daneri debe impedir el asesinato con apenas ese dato: detener al hombre de la cara marcada.

El detective se dispone a vigilar la guarida donde el hijo de la bruja se esconde. Finalmente sale Julio, junto con su novia. Caminan calles oscuras, que se adivinan frías, silenciosas – todo en la historieta es silencioso -. Daneri los sigue, alerta a la eventual aparición del asesino. La pareja se da cuenta que está siendo seguida, entonces el hijo de la bruja, sospechando que se trata de un policía, saca su arma y dispara. La bala roza el rostro de Daneri, quien automáticamente se defiende disparando su arma también. Julio cae, abatido por su asesino a quien acaba de marcarle el rostro. La profecía se ha cumplido. Daneri regresa a la bruja a devolverle el dinero por el trabajo que no pudo cumplir. La madre lo exculpa: “Usted solo fue mi brazo. Lo maté yo”. La figura del detective se aleja en un horizonte gris, lluvioso, caminando en el barro de una calle de tierra de Mataderos que parece deshacerse hasta volverse un río turbulento. En una pared, interrumpida por el corte de la viñeta, leemos: “Por la liberación del pueblo”. Daneri sigue su camino, de espaldas a la consigna.

Alberto Breccia y Carlos Trillo, "Cara marcada", en Un tal Daneri, Doedytores, 2003. Publicado originalmente en Mengano Nro. 5, 1974.

Alberto Breccia y Carlos Trillo, “Cara marcada”, en Un tal Daneri, Doedytores, 2003. Publicado originalmente en Mengano Nro. 5, 1974.

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