El otro, lo otro y los otros

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Los amigos del Archivo Caminante han posteado una intervención más que acertada, reproduciendo y traduciendo las páginas de historieta que Joe Sacco hizo abordando lo que por momentos parece la – falsamente – inabordable masacre de París. Tal vez acá se noten las diferencias entre alguien que sólo hace tiras cómicas y unitarios para periódicos, internet, o su propia cuenta de Facebook, y alguien que se ha molestado por investigar desde el terreno mismo de la acción. ¿Cuántos de los indignados han estado por los Balcanes o Palestina en los peores momentos? ¿Cuántos de los que han estado pueden brindar testimonio como Sacco? Bueno parte del debate (o la negación del debate) ha estado dando vueltas alrededor de la posibilidad o no de decir “pero”. Por ejemplo: “Yo no estoy de acuerdo con lo que pasó en París pero…” o “La libertad de expresión es un derecho universal, pero…”. Oscar Cuervo nos recuerda el uso del pero fuera de las histerias xenófobas, izquierdistas de ocasión y pelotudos/as de los que abundan, sobran y habitan las 24 horas del día en las redes sociales.

Yo, particularmente, agradezco los resquicios por donde se filtra algo de sensibilidad, pensamiento, reflexión y bastante coraje. Todas cosas más difíciles que colgarse cartelitos de opinión – ese privilegio del sentido común -. Y así como los que empiezan quemando libros terminan quemando gente, los que empiezan colgándose cartelitos probablemente estén, al mismo tiempo, colgándole carteles a los demás.

À bientôt!

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El Dibujante Cobarde

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Robert Crumb para Líberation, 12/01/2015.

EL LEGENDARIO DIBUJANTE ROBERT CRUMB SOBRE LA MASACRE EN PARÍS

El artista expatriado, que ha vivido en Francia durante 25 años, habla con el Observer de su nueva caricatura de Mahoma.

Por Celia Farber para el New York Observer, 10/01/2015.

Traducción: Pablo Turnes. El artículo original puede leerse acá.

Robert Crumb es considerado por muchos como el mejor dibujante que los Estados Unidos hayan producido. Creador de íconos de la contra-cultura como Fritz el Gato, el tipo del “Keep On Truckin” y el Sr. Natural, Crumb fue incluido en el Salón de la Fama del cómic en 1991, el mismo año en que se mudó con su familia a Francia, donde ha residido desde entonces. La escritora Celia Farber lo encontró en su casa el viernes 9 de enero de 2015, para hablar de la masacre de los caricaturistas y otros, esta semana en París.

Celia Farber: ¿Lo han estado llamando los periodistas hoy para hablar de los asesinatos en Charlie Hebdo? ¿Está dispuesto a hablar de eso?

Robert Crumb: Líberation quería que dibujara una caricatura, así que hice este dibujo sobre eso para Líberation. Hasta el momento, sos la primera periodista estadounidense que me ha pedido hablar de ello. Voy a hablar de eso, sí.

C.F.: ¿Ningún otro periodista lo llamó? ¿En serio?

R.C.: No, sos la única. Ustedes ya no tienen periodistas allá, lo que tienen es gente de relaciones públicas. Eso es lo que más tienen ahora en Estados Unidos. Doscientas cincuenta mil personas en relaciones públicas. Y un número de verdaderos reporteros y periodistas en disminución.

C.F.: No tenemos un contexto para esta tradición acá, para la sátira política impiadosa. Una cosa que sigo notando es que los comentaristas acá están señalando que las caricaturas eran muy ofensivas e insultantes. Es como si no entendiéramos que eso fue adrede. Intencionalmente muy ofensivas, y está muy claro el por qué eso no podría ser negociado. Esa es la parte que no conseguimos entender, como estadounidenses. Es como, “¿Por qué tienen que ser tan malos?”

R.C.: Es una cosa francesa, sí, y que ellos valoran mucho acá, por lo que hay como mucha condolencia por la muerte de esos tipos, ya sabés, grandes manifestaciones y las multitudes en París – personas sosteniendo carteles que dicen “Je suis Charlie”. Incluso acá en el pueblo donde vivo, ayer tuvimos una manifestación frente al ayuntamiento. Se presentaron alrededor de 30 personas y sostuvieron carteles de “Je suis Charlie”.

C.F.: ¿Estaba ahí?

R.C.: Sí, claro, estuve ahí. Dado que soy el dibujante del pueblo, tenía que ir. [Risas]

C.F.: ¿No conocía a ninguno de esos tipos?

R.C.: Conocía un poco a Wolinsky. Tuve algunas conversaciones con él durante los últimos 20 años, pero yo no lo conocía muy bien. Yo no conocía a ninguno de ellos realmente bien. No me convertí en parte del círculo de dibujantes en Francia, ya sabés. Probablemente porque todavía no puedo hablar un carajo de ese fucking idioma.  

C.F.: Creo que estaban muy conscientes de que podían morir y muy probablemente lo hicieran.

R.C.: El editor sabía. Él sabía. La oficina fue atacada con bombas incendiarias en 2011. El gobierno empezó, como, ya sabés, ofreciéndoles protección, y cuando dijo eso de, ya sabés, “Prefiero morir de pie que vivir de rodillas”, dijo, “Usted sabe, yo no estoy casado, no tengo tarjetas de crédito, no conduzco un coche. Me mantengo muy… Hago las cosas de manera sencilla… Yo no quiero tener estas conexiones, porque podría irme en cualquier momento”. Él lo sabía.

C.F.: Estos tipos no estaban tratando de no ofender, y eso es lo que una mente condicionada por los medios de Estados Unidos no puede entender. La idea de que sí, ofendés a los que abusan del poder.

R.C.: [Risas]. No, no pueden.

C.F.: No es la fe lo que está siendo insultado. Es el extremismo, la psicosis. El impulso totalitario.

R.C.: Aline [la esposa del Sr. Crumb es la dibujante Aline Kominsky-Crumb] vio algo en Internet… Todos los grandes periódicos y revistas en Estados Unidos, todos habían acordado, de mutuo acuerdo, no imprimir esas caricaturas ofensivas que se encontraban en esa revista Charlie Hebdo. Todos estuvieron de acuerdo en que ellos no iban a imprimirlas, porque eran demasiado insultantes para el Profeta. Charlie Hebdo, no tenía una gran circulación. Una gran cantidad de franceses dijo, “Sí, era de mal gusto, pero defiendo su derecho a la libertad de expresión”. Sí, era de mal gusto, eso es lo que dicen. Y tal vez lo fuera. Yo no voy a hacer una carrera usando cebos para algunos fanáticos religiosos de mierda, ya sabés, insultando a su profeta. Yo no haría eso. Eso parece una locura. Pero entonces, después de que los mataron, yo sólo tenía que dibujar esa caricatura, ya sabés, que muestra al Profeta. La caricatura que dibujé me muestra a mí, a mí mismo, sosteniendo una caricatura que acabo de dibujar. Un dibujo crudo de un culo que está etiquetado como “El Culo Peludo de Mahoma” [Risas].

C.F.: ¡¿Hizo qué cosa?!

R.C.: Sí, lo mandé a Líberation, así que ya veremos qué pasa. Ya sabés, es con lo que más he arriesgado el pescuezo en mucho tiempo…

C.F.: ¿Lo discutió con Aline?

R.C.: Se lo mostré, y ella dijo: “Ay, Dios mío, vamos a tener que pasar a la clandestinidad” [risas]. Así que, después de eso, Aline tuvo esta idea para otro dibujo, que también enviamos a Líberation, una colaboración, mostrándola a ella mirándome mientras dibujo y diciendo: “¡Ay, Dios mío, van a venir por nosotros! Esto es terrible… ¡yo quiero vivir para ver a mis nietos!” Y después digo: “Bueno, no es tan malo. Y, además, ya han matado a suficientes dibujantes, tal vez ya se hayan sacado las ganas”.

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C.F.: ¿Así que mandó los dos?

R.C.: Sí. Los mandamos esta mañana. Los escaneamos, y los mandamos por e-mail. Van a aparecer mañana en Líberation.

C.F.: Creo que eso es muy valiente.

R.C.: Charlie Hebdo, que ha impreso tantas caricaturas insultantes sobre los extremistas musulmanes, ya sabés, bueno, simplemente seguían haciéndolo, ya sabés… pero esa no era a la única gente a la que insultaron, insultaron a todo el mundo. Al Papa, al presidente del país, ¡a todo el mundo! No tenían piedad, a todo el mundo. Era una revista realmente muy divertida. Ellos simplemente no perdonaban a nadie. Ya sabés, no dejaron a nadie afuera, lo cual era bueno.

C.F.: ¿Cuál fue su reacción cuando se enteró?

R.C.: Tuve la misma reacción que cuando pasó lo del 9/11. Pensé: “Jesús Cristo, las cosas se van a poner realmente feas ahora”.  Ese tipo de cosas, como con el 9/11, se le da al gobierno la excusa para reprimir, para convertirse en mucho más, como, ya sabés, al estilo “Homeland Security”. Y la derecha consigue alimento para sus argumentos. La derecha acá la tiene contra los árabes. Y Francia tiene una población árabe que es como, de 5 millones, algo por el estilo – una enorme población de musulmanes en este país, la mayoría de ellos sólo quieren ocuparse de sus asuntos y no quiere ser molestada. Ese tipo de extremistas son una minoría muy pequeña. Tenemos amigos aquí que son de ese origen, ya sabes, marroquí o argelino. Y simplemente no quieren ningún problema, y sus hijos son en su mayoría aún más moderados que ellos.

C.F.: Había una cita ayer en el New York Observer de un escritor que alguna vez trabajó para Charlie Hebdo. Él dijo, “La revista Mad es a Charlie Hebdo lo que Taylor Swift es R. Crumb”.

R.C.: [Risas] ¿Ah sí? Eso es gracioso.

C.F.: Voy a enviárselo. ¿Hay algo en nuestra historia en los EE.UU. que esté cerca de esta tradición – la tradición de Hebdo? Si es así, ¿cuál sería?

R.C.: Los cómics underground, allá en los años ‘70. Pero hoy, yo no creo que haya nada de eso ahora en los EE.UU. Lo que pasa con Charlie Hebdo es que comenzó en 1969. La banda de tipos que trabajaban para esa revista, lo siguieron haciendo durante décadas. Esos tipos son bastante viejos, ya sabés, la mayoría de ellos. No había muchos de, ya sabés, 20 y pico o 30 y pico en ese grupo. Los caricaturistas en su mayoría son viejos. Hay mucha crítica hacia la izquierda también. Dicen que la izquierda es hipócrita, farsante y oportunista, y todo eso. Pero en general yo diría que hay una simpatía izquierdista en Charlie Hebdo. Pero ellos salían con eso cada semana. Cada semana. Y la gente simplemente lo miraba y se reía, “Bueno, ya conocés a esos tipos, esos locos. Son terribles”.

C.F.: Tenían oficinas y personal – parecían tener una financiación razonable…

R.C.: Sí, acabo de leer recientemente que en realidad estaban siendo subsidiados, sobre todo después de que los bombardearon en 2011, consiguieron ser subvencionados por alguna publicación más grande. Algo mainstream exitoso. Era como una vieja institución en el extremo radical de las cosas, ya sabés. Sí, no existe en los EE.UU., no hay nada como eso. Se mantuvo durante mucho tiempo, ya sabés. Y va a continuar, van a mantenerlo en marcha.

C.F.: Entonces ¿por qué simplemente no hacerlo? ¿Por qué seguir adelante y presentar una caricatura de esa manera? ¿No es eso realmente aterrador y arriesgado?

R.C.: Bueno, me lo pidieron. De Líberation me llamaron y me dijeron: “Crumb, ¿puede hacer un dibujo para nosotros? Acerca de lo que usted piensa acerca de esto, ya sabés, es un dibujante importante, y usted vive en Francia”. Así que lo pensé. Pasé mucho tiempo pensándolo. Estaba lavando los platos, o lo que fuera, y lo estaba pensando, “¿Qué tendría que hacer para el dibujo…?” Yo tenía un montón de ideas. Otras personas vienen con estos, ya sabés, dibujos inteligentes que comentan lo que pasó, como… Un tipo hizo una caricatura que muestra un cadáver ensangrentado tirado, y un musulmán radical está sobre él con un Kalashnikov, diciendo: “Él dibujó primero” [N. del T.: la palabra drew significa tanto dibujar como desenfundar] ese tipo de cosas. Eso es bueno, eso es inteligente, ya sabés, me gusta eso. ¿Pero y yo? Tengo que como, ya sabés, cuando hago algo, tiene que ser más personal. Me dije, en primer lugar: “Yo no tengo el coraje de hacer una caricatura insultante de Mahoma”.

Entonces pensé: “Bueno, yo soy el Dibujante Cobarde… Como Dibujante Cobarde, no puedo hacer algún comentario simplista como ése, ¿entendés? Tengo que hacerlo, como, burlándome de mí mismo. Así que en lugar de dibujar la cara de Mahoma [risas], dibujé el culo de Mahoma [risas.] Pero después estoy yo mismo diciendo, en letras pequeñas: “En realidad, este es el culo de mi amigo Mohamid Bakshi, que es un director de cine en Los Angeles, California”. Así que si vienen por mí, voy a decir: “No, mirá, no es Mahoma, el Profeta, es este chico, Mohamid Bakshi”. Así que, ya sabés.

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David Pope, “He drew first”, 08/01/2015.

C.F.: ¿Pero nunca hubo un momento en que haya pensado en no hacerlo?

R.C.: No. Yo pensé, tengo que hacerlo. Me lo pidieron. Tengo que hacerlo… De lo contrario, todo el mundo va a pensar: “¿Dónde está Crumb? ¿Por qué no sale a decir algo? ¿Qué diablos le pasa?” Entonces iba a empezar a recibir llamadas diciendo: “¿Cómo es que no hiciste una historieta sobre esto?” Cada dibujante en el país ha hecho algo al respecto. ¿Qué estás, asustado? ¿Qué es lo que te pasa? Sos demasiado, como, cómodo en tu, ya sabés… tu éxito y tu bla, bla, bla…” Así que, pensé, tengo que hacerlo. ¿Entendés? [Risas]. Y yo no quería hacer nada simplista o, el dolor por los héroes muertos y todo eso. Eso ya está cubierto por todos los demás.

C.F.: ¿Fue un alivio cuando lo terminó y lo envió?

R.C.: No, me sentía como: “Jesús, ¿qué estoy haciendo? ¿Estoy loco?” Aline dijo: “Ay, Dios mío, tenemos que pasar a la clandestinidad”. Así que vamos a ver si conseguimos alguna amenaza de muerte. Creo que, tal vez, ya se sacaron las ganas. Mataron a cuatro dibujantes. Y yo en realidad no dibujé la cara de Mahoma, así que… y es que en realidad es el culo de Mohamid Bakshi, así que… [risas].

C.F: Entonces ¿ya estamos?

R.C.: Sí.

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Méfiez-vous

En los 60’s y 70’s surgieron una serie de publicaciones cuya fundación estuvo relacionada con una relectura de esos objetos de la cultura popular que habían formado de chicos a esos que ahora eran intelectuales más o menos marxistas, pero casi siempre de izquierda. Particularmente en Italia con la Alter Linus (y posteriormente con la AlterLinus o Alter Alter) editado por Milano Libri, a partir de 1965, con editores a cargo como Giovanni Gandini y especialmente Oreste del Buono, e intelectuales como Umberto Eco en el comité editorial.

La otra revista acaso aún más radical, fue la Hara-Kiri de Éditions du Square, que compartiría redacción con la gente de Charlie Mensuel y Charlie Hebdo, las publicaciones mensuales y semanales de esos periódicos satíricos/experimentales/alternativos de la Francia de De Gaulle. Tanto Linus como Charlie hacen referencia a los personajes de la tirar norteamericana Peanuts de Charles Schulz, tira reivindicada por los intelectuales beatniks y de la izquierda europea, como Eco o incluso para el caso local, por Oscar Masotta.

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Se trataba de una reinterpretación que había comenzado con Cahiers du Cinéma –la posibilidad de entrever fisuras en la cultura de masas, sobre la que pesaban las condenas de Theodor Adorno y Max Horkheimer -, y que seguía con las historietas, particularmente con las norteamericanas como Dick Tracy – que llevaría a un contrapunto entre Masotta y Eco, que nunca terminó de romper con la lógica de Adorno/Horkheimer -, Flash Gordon, Prince Valiant, etc. El caso de Charlie es doblemente significativo: al morir Charles de Gaulle en 1970, en su casa de Colombey-les-Deux-Églises, Hara-Kiri – en el reconocible estilo que hoy tiene Barcelona – titulaba: “Fiesta trágica en Colombey: 1 muerto”. El título jugaba con una tragedia reciente donde 146 personas habían perdido la vida en el incendio de un discoteca (el Club Cinq-Sept en Saint-Laurent-du-Pont), minimizando la muerte del patriarca de la Francia de postguerra. Al ser censurada la publicación, su continuación fue Charlie: doble referencia a Peanuts y a de Gaulle, el Carlitos.

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José Muñoz y Carlos Sampayo publicaron Alack Sinner primero en Alter Linus y luego en la Charlie Mensuel – además de Sophie Comics y otras historias cortas -. Muñoz recuerda el ambiente de esa redacción de Éditions du Square, donde Copi – quien publicaba a su vez La Mujer Sentada en Hara-Kiri – pasaba como flotando en una nube, donde estaban personajes como el cómico Coluche, Jacques Tardi, Roland Topor, el mismo Cabu. Sus ecos llegarían a otras publicaciones como Métal Hurlant, Cimoc, la Rambla del destape español y la Raw norteamericana dirigida por el matrimonio Françoise Mouly/Arte Spiegelman a partir de 1980. Y por qué no, de alguna manera, también la Fierro en 1984.

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Esta larga introducción no quiere decir otra cosa que esto: lo que sucedió es indudablemente una tragedia, pero ante esa tragedia no puedo evitar sentirme ajeno al oportunismo sensacionalista del “Je suis Charlie”. Tampoco puedo evitar pensar en el millón y medio de muertos en Irak desde que comenzó la intervención norteamericana + aliados, o cualquiera de las situaciones que implican cientos, miles de muertos en África, Medio Oriente y el sudeste asiático. Muertos en atentados terribles que no mueven más que una breve columna en los diarios de occidente. ¿Pero alcanza esa comparación para desarmar los argumentos que nos venden como el deber ser de hoy? Ciertamente no.

Creo que lo que sucedió fue en buena parte la imposibilidad de cierta intelectualidad francesa y europea de leer la situación actual, o por intentar leerla con las mismas viejas (y cómodas) coordenadas que estaban acostumbradas a enfrentar la censura estatal y la condena moral de las instituciones occidentales, cuando se están confrontando con un adversario que busca lisa y llanamente el exterminio del otro. También hubo un error de cálculo y de imprudencia: Charlie Hebdo estaba en serios problemas económicos, y me pregunto hasta qué punto la insistencia con los dibujos de Mahoma y la sátira del fundamentalismo islámico tuvo que ver con cierto oportunismo en medio de un clima de creciente xenofobia dirigida en particular contra los musulmanes.

La cosa es aún peor: Charlie Hebdo tenía a su verdadero contrincante en el Frente Nacional de Marie Le Pen, la hija de un colaboracionista nazi que se apuró a reclamar la pena de muerte para los terroristas – no hace falta: la pena de muerte existe de facto, porque la policía y el Estado lo desean así, porque los terroristas sueñan con el martirio -. Ahora el FN estará más fuerte que nunca, habrá que ver cómo la redacción de CH contrarresta la situación – o no -, dado que, en otro giro paradojal, la revista cuenta hoy con más apoyo que nunca y, entre donaciones oficiales, privadas y voluntarias, ya ha recibido casi un millón de euros. La destrucción de Charlie Hebdo ha salvado a Charlie Hebdo, como ha servido para reforzar a su enemigo.

Cuando se junten las figuras políticas de los jefes de Estado como Hollande, Rajoy, Merkel, Juncker, Cameron, Renzi, para recordar a las víctimas: ¿les recordarán las ventas de armas que salvan las cuentas fiscales de esos países? ¿Les recordarán que sus asesinos reciben las armas, la logística, el entrenamiento de esas mismas potencias que compiten entre sí por sus mercados regionales en África y Medio Oriente? ¿Les recordarán que los asesinos eran ciudadanos franceses y no oscuros inmigrantes venidos de un más allá de la civilización? ¿Les recordarán que el fundamentalismo islámico es un proceso que comenzó en la segunda mitad del siglo XX, azuzado por las divisiones poscoloniales? ¿Nos seguirá haciendo reír Charlie Hebdo, o caerá en el patetismo, sepultando para siempre la tradición subversiva de la que hasta hace unos días hacía gala?

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El sueño del castrado – The Big Lebowski (Joel y Ethan Coen, 1998)

 

“En contraste con la era liberal, la cultura industrializada, como la fascista, puede concederse el desdén hacia el capitalismo, pero no la renuncia a la amenaza de la castración. Tal amenaza constituye la esencia íntegra de la cultura industrializada. Lo decisivo hoy no es ya más el puritanismo – aunque éste continúe haciéndose valer bajo la forma de las asociaciones femeninas – sino la necesidad intrínseca al sistema de no dar al consumidor jamás la sensación de que sea posible oponer resistencia. El principio impone presentar al consumidor todas las necesidades como si pudiesen ser satisfechas por la industria cultural, pero también organizar esas necesidades en forma tal que el consumidor aprenda a través de ellas que es sólo y siempre un eterno consumidor, un objeto de la industria cultural. La industria cultural no sólo le hace comprender que su engaño residiría en el cumplimiento de lo prometido, sino que además debe contentarse con lo que se le ofrece. La evasión respecto a la vida cotidiana que la industria cultural, en todos sus ramos, promete procurar es como el rapto de la hija en la historieta norteamericana: el padre mismo sostiene la escalera en la oscuridad. La industria cultural vuelve a proporcionar como paraíso la vida cotidiana. Escape elopement [fuga] están destinados a priori a reconducir al punto de partida. La distracción promueve la resignación que quiere olvidarse en la primera”.

Theodor W. Adorno y Max Horkheimer. “La industria cultural. Iluminismo como mistificación de masas”, en Dialéctica del Iluminismo, Editora Nacional, Madrid, pp. 138-139. Traducción de H. A. Murena.
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