Ayotzinapa

Diego Rivera, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947). Fresco, 15,60 ,ts. x 4,70, Museo Mural Diego Rivera, México, D. F.

Diego Rivera, Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947). Fresco, 15,60 mts. x 4,70 mts. Museo Mural Diego Rivera, México, D. F.

Una frase atribuída a Profirio Díaz, el hombre fuerte de México que definió toda una época – el Porfiriato, 1876-1911 – ha quedado impuesta como el estigma mexicano: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Lo cierto es que la frase pertenece, al parecer, a Nemesio Garcia Naranjo, director del diario La Tribuna e intelectual mexicano. Pero el hecho que se le atribuya a esa condensación de la historia latinoamericana – pendulando siempre entre la tiranía y la revolución – que es Porfirio Díaz le otorga varias capas de sentido que aún resuenan cuando se menciona la frase. Y cuando se la piensa.

La familia de Enrique Peña-Nieto, el presidente mexicano, es aquello que nosotros en Argentina – cada país tendrá lo suyo, sobre todo en Latinoamérica – mejor identificamos con el menemismo y su herencia que hasta hoy reaparece cuando esas estrellas de cuarta categoría, viejos deportistas, vedettes, opinólogos e idiotas de todas las clases asumen un rol político desde una candidatura que tiene tanta sustancia y consistencia como la espuma marina. Sin embargo, no hay que subestimar la banalidad del poder, o mejor dicho, la banalización de la realidad que el poder ejerce impunemente, porque acaso el poder del poder sea justamente la impunidad. Ejemplo: ante la insensibilidad demostrada por el presidente mexicano y las instituciones del Estado Federal – incluyendo por supuesto a las fuerzas de seguridad que se apuraron en reprimir las protestas y manifestaciones en cada oportunidad que tuvieron -, la familia presidencial se dedicó a celebrar con los fastos correspondientes a Halloween (“[…] tan cerca de los Estados Unidos”), en la residencia oficial de Los Pinos. La hijastra de Peña-Nieto, Sofía Castro (sobrina de Verónica Castro y prima de Cristian Castro), lució un disfraz de La Catrina o La Calavera Garbancera, la mujer-esqueleto cración del dibujante y caricaturistas José Guadalupe Posada (1852-1913).

Sofía Castro como La Catrina, 29 de octubre de 2014, Los Pinos, México D. F.

Sofía Castro como La Catrina, 29 de octubre de 2014, Los Pinos, México D. F.

Lo de “garbancera” hacía referencia a lo que podríamos llamar cierto “mediopelo mexicano”: una pequeña burguesía de vendedores de garbanzos que pretendía ser europea, disfrazando su indianidad con sombreros de pluma franceses, por más que no pudieran así disfrazar la desnudez de sus huesos. Acaso sin saberlo, pero con todo el peso de su clase, Sofía Castro ha cumplido el mandato del anatema mexicano: La Catrina garbancera que festeja Halloween mientras el pueblo reclama por sus muertos, por sus jóvenes, por sus estudiantes de la carrera de maestros normales, histórica formación de cuadros revolucionarios que han quedado como recordatorio de aquel hito que reaparece como viejo topo.

La Catrina o La Calavera Garbancera, de José Gudalupe Posada (1913).

La Catrina o La Calavera Garbancera, de José Gudalupe Posada (1913).

En su mural, Rivera presenta en el centro a La Catrina del brazo de su creador, Posada, flanqueada por el mismo Rivera que aparece como niño, con su cara de “adorable batracio” como le decía Frida Khalo. La mismísima Frida aparece detrás de él mostrando el símbolo del ying y el yang. Sobre la izquierda de La Catrina, mas atrás y un plano algo superior, el mismísmo Porfirio Díaz con todas las galas militares decimonónicas oficia de busto tutelar. Se condensan a un lado y a otro personajes de toda la historia de México, desde los autos de fe coloniales a la represión policial de los campesinos (y éstos en los márgenes del cuadro, o siendo empujados hacia ellos, siempre hacia el linde de la historia donde no puedan verse, donde desaparezcan, donde no tengan lugar en la Gran Foto Nacional). Benito Juárez, los revolucionarios, los criollos, los indios y mestizos, militares e intelectuales. Esa foto irresuelta – porque sus personajes están en pugna, pero ésta no está decidida, no termina, ¿acaso alguna vez lo hará? – es la que hoy vuelve a nosotros en la tragedia de Ayotzinapa. Ese lugar donde Morelos en 1813 asentó las bases de una repartición más justa de las tierras, de una comunidad sin patrones, de la solidaridas y el justo reparto y partición de los recursos de la tierra y de la vida. Esa misma vida que hoy es negada por el crimen del poder y el narcotráfico, que son la misma cosa.

¿Qué está pasando en México? Ésa es la pregunta a la que los medios en general responden como mejor saben hacerlo: fragmentando, ocultando, mostrando separado lo que está junto, y junto lo que está separado, por usar la fórmula de Guy Debord. Los invito a leer el Manifiesto “Por un México sin crimen”, donde se expresan las razones y se convoca a firmar el manifiesto, con la idea de recolectar firmas y continuar una campaña de denuncia, revelación, despertar, pérdida de miedo, hartazgo, valentía…es decir, todas esas pasiones contradictorias que a veces la multitud convierte en desastre, y otras, como en esta, en reivindicación de la vida.

El Manifiesto, acá.

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5 pensamientos en “Ayotzinapa

  1. Brillante, brillante entrada. Un análisis que salpica para todos lados. Gracias

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  2. Matías dice:

    Gran gran post. Lo difundiré, lo releeré y lo guardaré en algún lado para que no se pierda, para seguir creyendo en que el análisis de la imagen es también un análisis político.Genio. Un abrazo.

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  3. Matías dice:

    Halloween como aquella noche en que se suspende el límite entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos.

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    • Pablo Turnes dice:

      Ah, eso es muy interesante, no lo había pensado así…Y qué hablar del Día de Muertos, eso es aún mejor. Muchas gracias por tus palabras, me alegro que gente inteligente lo aprecie. ¡Abrazo!

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