Encuentros y reencuentros – Deseando Amar (Fa yeung nin wa, Wong Kar Wai, 2000)

El encuentro de los cuerpos es, en el sentido spinoziano, la tangente constitutiva de todo lo existente. Los cuerpos son en un equilibrio de movimiento y reposo, y todo lo que hacen o dejan de hacer se ecuentra en ese entremedio sin principio ni fin. Ni siquiera la muerte cobra demasiada importancia en ese esquema: es, tan sólo, un “mal encuentro”. Gilles Deleuze había titulado su libro En medio de Spinoza justamente por eso, porque al formar parte de algo eterno, al ser extensión de la sustancia, en algún punto somos eternos también. Y lo eterno es aquello que no tiene ni principio ni fin, y se da origen a sí mismo.

La melodía que cruza toda la película de Wong Kar Wai es la banda sonora de ese entremedio donde se encuentran los cuerpos de la Srta. Chan y el Sr. Chow. Podemos hipotetizar: ¿qué hubiera pasado si no se hubiera dado ese encuentro fortuito, esa coincidencia, si cualquiera de los dos hubiese llegado apenas algunos segundos más tarde? No importa, es demasiado tarde para hipotetizar. Incluso después de las líneas que describen trayectorias, aún después de la intensidad del punto de encuentro – su banal punto de encuentro, la cocina donde las miradas de los hombres atareados no se cruzan con esa ninfa, el sudor, la sopa ¡el recipiente de la sopa! -, sigue sonando la música. La música es un tipo de eternidad, no por nada es también un lenguaje matemático: puede reproducirse, potencialmente, al infinito, incluso más allá de la duración de la existencia de quienes la compusieron, la ejecutaron, la escucharon, disfrutaron o padecieron. Como las ondas en el espacio que siguen viajando para ser captadas en otra galaxia, sin dejar de seguir su camino hacia ninguna parte.

Para nosotros es demasiado tarde: hemos caído en el hechizo, podemos recomponerlo hasta el próximo (mal) encuentro. Pero me gusta pensar que en algún lugar del vacío, aún se escucha y se ve esta maravilla por primera vez. Después de todo ¿qué quiere decir “demasiado tarde” o “primera vez” cuando no hay ni  principio ni fin? La promesa del loop tal vez nos devuelva el tesoro perdido, en un millón de años, o en cien, y entonces todo volverá a empezar. O tal vez ya lo hizo, y esta es su prueba.

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