Entrevista a Diego Parés, por Amadeo Gandolfo y Pablo Turnes

Amadeo Gandolfo: Nos parece que el panorama de la historieta en Argentina en los ’90s es algo que aún no se ha contado. Toda esa gente que salió de los fanzines –de revistas como ¡Suélteme!– hoy en día han terminado ocupando, de alguna manera, ciertos espacios de la historieta…

Diego Parés: No te creas ¿eh? ¿Quién?

A.G: Bueno, vos, Esteban Podetti

D.P: ¡¿Podetti?! ¡¿Dónde está Podetti?!

A.G: Hoy en día son como la plana mayor.

D.P: Porque somos viejos, nomás. Pero en realidad si te ponés a pensar, es todo lo contrario. Dentro de lo que fue la cosa en los ’90s, nosotros somos los que perdimos, digamos, la batalla cultural. Porque los que ganaron más la batalla fueron los de El Lápiz Japonés y ese tipo de cosas. Los tipos que terminaron vendiendo caro sus laburos, teniendo un renombre con prestigio y todo eso, son ellos. No son Fayó, ni Dani the O, ni Podetti. Y yo laburo ¿entendés? Pero la cosa fue más para ese lado que para el lado de ¡Suélteme!, que era una historieta más clásica, si se quiere. Una historieta de humor sin demasiadas pretensiones artísticas evidentes, al menos.

Pablo Turnes: A mí me parece que fue importante, porque a la gente joven que está haciendo historieta le quedó ese registro. Yo creo que la circulación de esos fanzines fue un fenómeno particular de Buenos Aires. Y entiendo que su trabajo fue, por una parte, la relectura del humor gráfico y la historieta argentina. Pero por otro incluyeron cosas que los que vinieron antes de ustedes no las tuvieron, como la posibilidad de leer a Robert Crumb y alunderground norteamericano. Entonces fueron una especie de nexo entre esas dos cosas y eso vale mucho para la gente que hoy los lee a ustedes a los norteamericanos. Algo similar les pasó –salvando la distancia– a la generación de los ´90 en USA: Daniel Clowes, Charles Burns, Chris Ware, etc.

D.P: Sí, pasó eso. Yo conocí a Crumb en esa época, y claro, uno venía del humor gráfico argentino. Yo venía de ahí, Esteban [Podetti] y Pablo [Fayó] no. Ellos venían de leer La Pequeña Lulú (Little LuluMarjorie Henderson Buell, 1935),Popeye (Elzie Crisler Segar, 1929), las revistas de la editorial [mexicana] Novaro. Yo me enganché en ese momento con ese tipo de material al que antes no le prestaba atención. Mi escuela original fue el humor gráfico argentino –Quino [Joaquín Salvador Lavado], Caloi [Carlos Loiseau], [Roberto] Fontanarrosa, la revista Humor–, y después entró eso. Es cierto, el otro día estuvimos en el aniversario de la revista Fierro, y la gente hablaba de ¡Suélteme! y de Crumb como partes de la misma cosa. Para todos los que hicimos la revista, las influencias vinieron por ahí y no por el cómic francés o europeo. Había algo de España –[Manuel] Vázquez[Francisco] Ibáñez, [la Escuela de] Bruguera– pero más que nada vino por el cómic yanqui a través de editorial Novaro y a través de lo que llegaba de Fantagraphics en ese momento acá –Hate, de Peter BaggeEightball, de Daniel Clowes–.

La entrevista completa, realizada junto a Amadeo Gandolfo, acá en Entrecomics.

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