Recordando al Viejo…Entrevista a José Muñoz

Pablo Turnes: Me parece muy interesante lo que Ud. señaló, y se lo quiero preguntar ya que ha tenido ese recorrido: ¿es posible ser un autor en una industria? De alguna manera la historieta conserva un núcleo que es puramente artesanal pero que no deja de funcionar en un circuito que es industrial, para la cual es una mercancía.

José Muñoz: ¡Somos también mercancía! Digámoslo en un sentido último, ontológico, parapsicológico o como quieras llamarlo, es un drama siempre actual, renovado en cada hijo de la tierra. Nuestra existencia, que nosotros contribuimos a dibujar con nuestras posibilidades, nuestras necesidades, nuestros deseos y nuestros sueños, apoyándonos en los talentos que cayeron justa o injustamente dentro de uno, busca experimentar goce, trabajar lo mejor posible, perderse en la hipnosis del trabajo para poder tolerar la vida, para conseguir subsistencia… Comer parece ser lo primero, ¡tengo pruebas! De todas maneras, en esto del arte y el artesanado siempre hubo deslices del uno hacia el otro, el uno es el otro y viceversa. Esa es su principal alegría. La realidad industrial de aquella época nos permitía proponer gran entretenimiento para las masas de trabajadores, y digamos, para el pueblo argentino del momento, antes del reino de la televisión. Había un gran momento del tango, estaba la radio como presencia casi hipnótica y la historieta tenía su rol de hipnotismo manual extremadamente popular, industrial y, por lo tal y cual, un poco vergonzante ¡Hasta[Cesare] Civita trataba de esconder el haber conseguido su primera guita con la historieta! Él quería ocupar un espacio más jerarquizado, adquirir mayor prestigio en la gran provincia Aldeana, participar en las narraciones políticas y culturales del momento, un poco se lo entiende, no lo podemos negar… Hay que agradecerle su perspicacia, su talento y talante propositivo, su capacidad empresarial, cultural –Abril funcionó también como refugio de las inteligencias literarias, políticas y plásticas en apuros– y perdonarle sus patéticos olvidos, nadie es perfecto. La historieta era esa cosita simpática pero vagamente deshonrosa, esa pasión equivocada. Al final de todo este largo, agitado y aburrido equívoco lleno de inseguridades, cabe citar a Robert Crumb que, para calmar a Art Spiegelman que ambicionaba justamente respeto cultural, y lo ha conseguido, le decía con una media sonrisa en la boca: “¡Art, son sólo historietas!” (Art, it’s only comics!) Y en inglés la palabra “Art”, metida ahí al principio, se derrama en múltiples sentidos, ¿no? Borremos la coma, como supo sugerir Sarmiento, y releamos la frase.

La entrevista completa, en Entrecomics

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