La arquitectura de la autoridad

Richard Ross, Celdas de contención - Fuerza de Tareas Conjunta, Guantánamo, Cuba (de la serie Arquitectura de la Autoridad, 2006).Richard Ross, Celdas de contención – Fuerza de Tareas Conjunta, Guantánamo, Cuba (de la serie Arquitectura de la Autoridad, 2006).
  • La mirada de esos espacios bajo el concepto Arquitectura de la Autoridad los vuelve doblemente perturbadores. Es en ese silencio ausente de cuerpos donde los espacios muestran su materialidad ideológica: están hechos para ser ocupados y utilizados, tanto como para exigir una disciplina, un código de conducta de los sujetos que pasan por ellos. Richard Ross abre un abanico de las infinitas posibilidades – cada una un microcosmos fascinante y perverso -: desde una cámara de inyección letal al set de la serie Law&Order; de una oficina en Damasco al Hotel Hyatt en Berlín. Espacio y mirada se afectan mutuamente, resignificándose. 
  • Aquí un elemento paradojal: el neo-objetivismo del registro fotográfico presupone una mirada donde los cuerpos están ausentes. Pero, sin cuerpo – el artista – no habría registro desde un principio. Pareciera ser como aquel acertijo zen: si un árbol cae y no hay nadie para escuchar la caída ¿hace ruido? ¿Tiene sentido un espacio construido con objetivos socialmente específicos sin sujetos? Lo perturbador es que esos espacios han interrumpido, de alguna manera, el flujo del poder y de esa manera han queda expuestos en su función disciplinaria. El arte como disruptor del orden y como puesta-en-escena que implica borrar al artista para construir su efecto.
  • Pensaba también en esas impresionantes fotografías de bibliotecas de Candida Höefer, que nos enfrentan al oxímoron entre la libertad del conocimiento y la disciplina del espacio cultural. La Cultura es en sí misma un dispositivo restrictivo que nos ofrece romper sus límites, un espacio siempre en disputa. Las bibliotecas a veces se parecen demasiado a las cárceles imaginarias de Piranesi, el tejido más siniestro de la Modernidad europea: el conocimiento, la disciplina y las cárceles fueron desde el siglo XVIII las instituciones de los Estados-Nación, el regalo envenenado al Pueblo, elusivo y ambivalente objeto del poder.   
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