Notas sobre el Gap #12

Enrique Breccia y Carlos Trillo, Mariposas, libres mariposas (realizada en 1978, publicada en Skorpio Plus Nro. 2, enero de 1984). Ediciones Récord.
  • La primera etapa en la obra de Carlos Trillo – desde la segunda mitad de los ´70s a principios de los ´80s – bien puede entenderse como el manifiesto de un autor de historietas, continuando de alguna manera el camino propuesto por Oesterheld: una perspectiva satírica, amarga y brillante. Recuperar esas historias permite recomponer un sentir de época oscuro, donde la historieta era pasada de largo por el Ojo de Saurón de la dictadura. Trillo contaba fábulas como quien atesora un saber: que la imaginación es vital, una guía para una vida mejor.
  • E. Breccia fue desde Vida del Che Guevara (1968) un autor con una comprensión de la puesta en página excepcional. Esta página de una de las historias breves hechas con Trillo demuestra la maestría en el manejo del lenguaje historietístico como de los recursos plásticos. Habíamos hablado de la solidaridad icónica, denominación que explica a la puesta en página como unidad de sentido, donde las viñetas cobran coherencia o significado por su coexistencia en el mismo plano. El ejercicio lector sutura ese tapiz, deviene operación semántica, otra forma de leer.
  • Entre la cuarta y la séptima viñeta se compone una unidad autónoma, que puede ser descompuesta en cada uno de esos paneles. Un elemento es clave: el color como narrador. El cambio del fondo negro al amarillo hace que la mirada enfoque el centro casi de inmediato; el rojo completa la herida que Breccia propina al verde traspasando la hoja. La sangre en el filo del hacha del panel final, sostenida por el verdugo, une la disrupción previa a la secuencia general. Y entonces repite su golpe: hay acá una instancia de enunciación hecha desde la muerte y el exterminio. Podremos seguir la página, excepto el ajusticiado, quien ha quedado para siempre entre los intersticios del vacío.
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2 pensamientos en “Notas sobre el Gap #12

  1. el_bru dice:

    La secuencia destila violencia por todos lados, sin embargo, aunque violenta en sí, ningún encuadre ataca directamente el hachazo, dónde pega, cómo abre la carne. Estaríamos hablando de otro tipo de secuencia, quizás no era lo importante mostrar eso. Si mal no recuerdo Lucas Berone decía que esto pasaba igualito en la adaptación que hace E. Breccia de “El matadero”, cuando descorchan al pibe. Llegar por la sinécdoque, por la vía oblicua. Es como si esa página dijera todo el tiempo “acá hay mucha, mucha violencia, pero nadie pudo verla para contarla bien”. Tiempos violentos.

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    • Pablo Turnes dice:

      Exacto, Bru. Haberlo hecho más explícito – la cabeza cortada se muestra, pero está exagerado su gore inhumano y fantástico – hubiera reducido la potencia de la secuencia. Me interesa cómo ese mostrar-sin-mostrar se realiza en esa secuencia que funciona por sí misma, redimensionada en el contexto general de la puesta en página. No sé si es reductible a la sinécdoque o a la elipsis – Federico Reggiani ha reflexionado más y mejor sobre esto -, en todo caso son formas específicas del lenguaje historietístico que funcionan de manera similar pero sin ser lo mismo. A menudo, siendo radicalmente distintas. Saludos, y gracias por pasar.

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