100 Años de Historieta Argentina: Mort Cinder

  • Alberto Breccia dijo: “Antes y después de Mort Cinder, nada.” Se entiende: es el punto de no retorno de un autor y de un lenguaje. La excepción modifica la regla, la historieta en este caso. La intensidad de la obra da la pauta que, de alguna manera, Mort Cinder puede leerse como autobiografía siguiendo lo que Chester Gould dijo sobre su Dick Tracy: “Una reflexión sobre la muerte.” Los guiones de Héctor G. Oesterheld pierden rápidamente ese pastiche culturizante – como lo había llamado Masotta – de los primeros episodios y recorren un camino filosófico que intersecta literalmente el tiempo y el espacio. El inmortal es un tipo sin capacidad para la sorpresa, la ha ido perdiendo. De ahí su constante recuerdo del pasado, cuándo aún había espacio para la emoción. Pero en su diálogo con el anticuario Ezra Winston – el mismo Breccia – esa historia que llega muerta es transformada por la mirada de lo vivo, adquiriendo dimensiones morales, existenciales, presentes.
  • Winston está ahí para traducirle al lector lo que le llega desde ese autómata como cenizas. Tratar de entender algo mientras se ve constantemente perplejo, confundido, aterrado. Es el esquema oesterheldiano: el deseo de contar con la moraleja al acecho. Breccia lo convierte en un manifiesto artístico: él es el que interroga a Mort Cinder reconstruyéndolo en el tiempo, quien sufre la cárcel, detesta la guerra, escapa para volver a caer siempre en el presente congelado de la tienda de antigüedades.
  • Lo cierto es que fue el dibujante el que salvó la obra: engañó a Oesterheld – a quien la editorial Yago le adeudaba sueldos – para que escribiera el final de Las Termópilas haciéndole creer que lo venderían a USA. Y así llega hasta nosotros, a través del tiempo, desafiando a la historieta y a nosotros, lectores, a ser mejores.

Publicado en “100 Años de Historieta Argentina”, en Comiqueando Online.

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8 pensamientos en “100 Años de Historieta Argentina: Mort Cinder

  1. Berliac dice:

    Mirá vos, lo del final no lo sabía. Lo que sí sabía era que Breccia constantemente le decía a HGO que no se apure, que aguante unos episodios más en hacer aparecer a Mort CInder. Ambas anécdotas me hacen pensar, y me recuerdan inevitablemente a lo que me dijo una vez Eddie Campbell en un mail:

    ” I Think about the strategies I need to employ to hold a reader’s attention over a long range piece of work. I think about the divisions in my narrative, the proportions of the parts, where things will be coiled tight and where they will be allowed to relax. I think of the motifs that will recur throughout the piece to hold the reader’s focus and lead them through the composition. The material exists in my head, and some of it may be sketched out in preparation. okay. It’s already a ‘graphic novel’ because it is in the form of a graphic novel, even though it doesn’t technically exist yet. ”

    Quiero decir, cómo HGO pensaba “en entregas”, pero el viejo pensaba en obra cabal, sabía (o al menos quería) de antemano todo esto de lo que Campbell habla.

    Saludo.

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    • Pablo Turnes dice:

      ¡Berliac, qué buen aporte! Es muy interesante lo que decís y yo también he encontrado en algunas entrevistas a Campbell una lucidez que bien quisiera encontrar más a menudo por acá. Lo cual me lleva a una de las paradojas casi constitutiva de la historieta argentina de los ´60 para acá: el mismo Breccia que construyó su propia figura autoral impuso la desconfianza y el desprecio al pensar sobre la historieta – incluso contra la historieta en sí misma -. Aunque sospecho que su legado es más duradero y valioso en su obra que en su escepticismo. Será cuestión de animarse a proponer otras formas de pensar lo que nos gusta.

      Lo de Mort Cinder lo cuenta en la entrevista que le hicieron Trillo y Saccomanno y que fue publicada en Historia de la Historieta Argentina. Mil gracias por tus apuntes, son sumamente apreciados. Saludos.

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      • Berliac dice:

        Breccia fue el más importante de todos porque se opuso a pensar (o sea, a hacer) la Historieta como institución, algo que HGO ayudó a fundar (HGO como origen y Breccia como fin, en simultáneo, en la misma obra: Lyncheano).

        Breccia El Viejo (me gusta mucho más decirle así, como a un Brueghel) se dio cuenta que si se habla de Historieta, se habla de institución, porque si se habla de la historieta como disciplina…no hay nada de qué hablar. Hago un comentario en este post (que Bruno Percivale me responde locuazmente): http://avcomics.wordpress.com/2012/04/18/11603/#comment-11529

        En el segundo párrafo hablo de una “posición”, y que ser crítico (de eso trataba el post) era una toma de posición, con respecto a la historieta como institución, Incluso para corroerla, como es mi caso. Por eso El Viejo no hablaba, porque eso lo dejaba del lado de adentro.

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      • Pablo Turnes dice:

        Breccia El Viejo enfocaba las cosas desde una perspectiva artística muy personal, tanto que no le gustaba que le dijeran artista ni, supongo, historietista. Pero el problema con esa posición es que no permite hacer surgir otras variables. No le pido a Breccia El Viejo que hable como yo quiero que hable – o piense, reflexione, etc. -, sino que nos deje hablar a los otros. Y desde ya, a Breccia no le pido nada porque ya demasiado nos ha legado. Pero pido permiso para presentar algunas reflexiones, preguntas, cuestiones, dadas por un recorrido que viene desde hace tiempo construyendo su camino y que hoy tenemos posibilidades de ver con la ventaja de la retrospectiva. Me preocupa que muchos historietistas y críticos no permitan romper esa barrera bajo el acatamiento de “No hay NADA de qué hablar”. ¿Quién puede estar tan seguro de eso? No es el punto más fuerte de Breccia, después de todo quien puede lo más puede lo menos.

        “Dejarlo del lado de adentro” es una actitud de miedo provinciano. Si uno no está dispuesto a que su obra entre en circuitos donde puede tomar caminos inesperados, más vale que no haga nada, o que sólo lo hago para uno y sus amigos de los que no espera peligro alguno. Yo no me defino como crítico, en todo caso se trata de una elaboración crítica de mis lecturas, porque ante todo soy un lector de historieta. También seamos honestos: hablar de algo así como una “crítica de historieta argentina” es sumamente pretencioso. Es algo que está en proceso de formación, desde lados muy variados y heterogéneos por las muchas dimensiones del lenguaje y del medio historietístico. La idea es contribuir a ese movimiento, porque pensar en las cosas que se hacen es ya hacer algo que no implica necesariamente congelar la historieta en un objeto a ser diseccionado como fin en sí mismo, sino a permitirnos entender mejor las posibilidades de lo que hacemos o queremos hacer. Y también, por qué no, por el mero placer de pensar, de leer, escribir y dibujar. Como le respondió Freud a un alumno obsesionado en analizar su pulsión bucal con los cigarros: “A veces un cigarro es sólo un cigarro.” Es mucho mejor a decir que la historieta puede llamarse chorizos o novela gráfica, que a fin de cuentas es lo mismo. Esa es una equivocación producto de la pereza intelectual, agravada por venir desde autores de historieta. Eso, antes que lo crítico o no-crítico, es lo imperdonable y lo que hay que abandonar ya si queremos hacer algo mejor que quejarnos sobre la falta de aire mientras se insiste con tener las ventanas cerradas.

        Saludos, y gracias por el aguante.

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      • Berliac dice:

        “Me preocupa que muchos historietistas y críticos no permitan romper esa barrera bajo el acatamiento de “No hay NADA de qué hablar”.”

        Me extraña que se me acuse – casi – de no (intentar al menos) romper barreras, cuando fui el pendejo rompepelotas durante años. Cuando digo que no hay nada que hablar, me refiero a que Breccia – y yo también cuando trabajo, y otros tantos – me atengo a lo que decía Ben Shahn: “Frente al lienzo pensar en términos de pintura”. Claro que hay cosas de las que hablar, pero no deja de ser como dice Alan Moore en el apéndice de From Hell: el círculo está delimitado por un lugar, un tiempo, y una cantidad de víctimas; adentro de ese círculo se puede investigar centrífugamente hasta averiguar cuánto calzaban las víctimas y qué desayunaron el día en que se encontraron con Jack el Destripador. Ahí adentro, puede pasar/hablarse de todo. Pero el artista, El Destripador, cuando trabaja/destripa se mueve SIEMPRE por afuera. Intentar – sin intentarlo, directamente hacerlo – no quedar “del lado de adentro” no es una actitud de miedo provinciano, o al menos no para todos. Es un miedo para aquellos que se miran al espejo y ven a alguien que no puede pensar y nos quieren hacer creer lo contrario, y de esos abundan: http://bit.ly/QbDLUf . Pero para un Viejo, que se sabe El Viejo, y puso todo lo que tiene de Viejo en lo que hizo, el silencio – frente a preguntas boludas, quizá entre amigos es distinto – es un lujo que se puede dar, y se respeta si no callar pone en peligro su trabajo, porque los que sí hablamos/pensamos dependemos de su trabajo para tener algo que estudiar.

        Para algunos “A veces un cigarro es sólo un cigarro”. A veces una historieta es sólo una historieta (ídem link anterior).

        Ahora: cuando hablo en términos de “adentro/afuera”, me refiero a la historieta como institución, no como disciplina. A la historieta que la “crítica” (término pretencioso, adhiero y casi hasta que me retracto) en Argentina dio, da, y va a seguir dando forma, si las tendencias del “movimiento” continúan su hipérbole (mirá qué palabra me mandé). Los críticos – incluso los part time como yo – trabajan ahi adentro, manosean esa forma y la retuercen para el lado que conviene a su postura. El Viejo no, él labura desde afuera y vuelca lo que tiene en ese chiquero. Yo lo re entiendo, porque desde hace…un año ponele, o más, desde que cerré mi blog, adopté idéntica política. Lo cual nunca quiso decir que haya dejado de pensar, de criticar, de escribir (aunque menos, y más por falta de tiempo que por miedo provinciano).

        Abrazo.

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      • Pablo Turnes dice:

        ¡No se me enoje, Don Berliac! Desde ya que no estaba pensando en Ud. Justamente, después del intercambio, leí la misma nota y me sentí tristemente reivindicado – cuando lo mejor sería ser desmentido -. Ud. es uno de los casos que yo aprecio inmensamente, porque no veo distancia entre el autor y el pensador. Es la figura que Michel Foucault definió como intelectual específico, es decir alguien que piensa desde su actividad, no desde la academia. Y en la historieta hay toda una tradición desarrollada en ese sentido, desde Eisner y McCloud hasta los belgas como Benoît Peeters y Thierry Smolderen, o la gente de L´Association. Acá también, pero se mantuvo una posición anti-intelectual equivocada. Yo tampoco adhiero a una intelectualización de la historieta, sino a la comprensión que en principio, todo trabajo es trabajo intelectual, porque implica la utilización de un conocimiento adquirido y transmitido, aún cuando no se es plenamente consciente de eso. Thierry Groensteen, de la escuela neosemiótica francesa – es decir, sumamente académico – incluye en su términos el espacio-tópico, aquella organización mental de la puesta en página que preexiste a todo trabajo, que ya está adquirida y que es inconmensurable. Es ese afuera que Ud. señala, determinado materialmente por toda una herencia y una experiencia pero impredecible a la vez. Lo que me interesa señalar es el problema a la hora de aunar esfuerzos entre los que no hacemos historieta y los que sí la hacen y trabajan en eso. Me parece que es negarse a descubrir cosas interesantes, sobre todo porque iluminaría a las investigaciones/aproximaciones académicas y no a la inversa. Como dije, a Breccia El Viejo no le pido nada más que lo que ya dio. Y los mismo va para cualquier historietista. Sólo espero poder esforzarnos para lograr mejores cosas, y para eso hay que ser lúcido y animarse a pensar y a decir, que también son un hacer. Saludos.

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  2. Mort Cinder es una de las creaciones más complejas de la historieta argentina, alcanza una contemporaneidad sorprendente. Es una obra bella, inquietante, conmovedora, magistralmente resuelta. Gracias por tu publicación de hoy, me hiciste recordar a un viejo ejemplar de “Zepellin”, que fue dónde la leí por primera vez. Había, por obra y gracia de la casualidad, 4 números de esa revista en mi casa. Mis hermanos y yo los leímos cientos de veces. Me encantaría saber qué ruta siguieron para llegar a nosotros y dónde se podrán encontrar aún.

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    • Pablo Turnes dice:

      Hola Virginia, me alegra saber que he colaborado con el buen recuerdo. La historia de las revistas y libros perdidos es una buena parte de todas nuestras historias – las revistas HUMOR donde descubrí Las Puertitas del Sr. López y a Enki Bilal, las Satiricón -. Cosa extraña, esas piezas faltantes que sin embargo nos componen. Tendrías que ver las Misterix orignales donde salía Mort Cinder: apenas tres páginas semanales, con un papel barato y finito que a veces hacía que se trasluciera la impresión de una cara a otra, con viñetas-miniaturas…Y aún así, una obra maestra, qué duda cabe. Saludos, y gracias por pasar.

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