Un niño juega, un niño muere (breve diálogo con Diego Carballar)

Yo: A ver si estás de acuerdo conmigo: ¿No pareciera que hubo un decadentismo noventoso, como lo hubo en el siglo XIX? Hay una estética de videoclip de los 90´s – casi todos de Samuel Bayer – que en un momento se acumuló demasiado y quedó algo lejana. “Losing my Religion” es un buen ejemplo – de los mejores -, pero acá me parece que ha ya había algo, mucho menos refinado, más performático. Son literal y materialmente los restos de una cultura, y un chico que juega a ser punk con ellos.

Diego Carballar: El videoclip era una acumulación imaginaria, superponía registros, estéticas, a veces, la música era una excusa para la catarata… ¡Losing my religion! Tenés razón, era todo tan recargado, decadente, con ese San Sebastián que vendría a ser el hermano santo del chico de este video. Lo que me pasa con esta canción es que me quedó acoplada a los sucesos del 2001 (el internacional y el casero). Es un viaje emotivo, simbólico e imaginario; pero es la voz de Stipe la que tiende una cuerda que llega a aquellas jornadas de cambio, incertidumbre y agitación. De casualidad entré a la versión traducida de la letra y la primera línea me resultó elocuente: “Eso está muy bien, comienza con un terremoto, aves y serpientes, un avión…” El video (no tan refinado, es cierto) por suerte se adhiere a la música, pero como en un libro ilustrado, apenas la acompaña con una imagen que representa, lo sabemos bien, uno de los contenidos de la música: “un niño juega, un niño muere…”.

Yo: Son percepciones diversas aunque no distanciadas. Durante 1999-2003 se vivía efectivamente sobre los restos de una cultura y nuestros fantasmas. La sensación era esa: la conciencia del final en tiempo real. Los niños siguen jugando, entre la calesita y su madre.

El bello, extraño y delicado blog de Diego Carballar puede leerse acá.

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2 pensamientos en “Un niño juega, un niño muere (breve diálogo con Diego Carballar)

  1. Diego dice:

    Gracias por la cita, Pablo, y por la posibilidad de ayudarme a pensar un poco. El texto de Benjamin es hermoso.
    Te dejo el fragmento acerca de los contenidos de la música (“1730: Devenir-Intenso, Devenir-Animal, Devenir Imperceptible”, Mil Mesetas, D&G):

    “Pues bien, ¿de qué trata la música, cuál es su contenido indisociable de la expresión sonora? No es fácil decirlo, pero es algo así como: un niño muere, un niño juega, una mujer nace, una mujer muere, un pájaro llega, un pájaro se va. Lo que queremos decir es que esos no son temas accidentales de la música, incluso si se pueden multiplicar los ejemplos, y mucho menos ejercicios imitativos, sino algo esencial. ¿Por qué un niño, una mujer, un pájaro? Porque la expresión musical es inseparable de un devenir-mujer, de un devenir niño, de un devenir-animal que constituyen su contenido. ¿Por qué el niño muere, o el pájaro cae, como atravesado por una flecha? A causa precisamente del “peligro”propio de toda línea que se escapa, de toda línea de fuga o de desterritorialización creadora: transformarse en destrucción, en abolición. Melisande, una mujer-niña, un secreto, muere dos veces (“ahora le toca a la pobre niña”). La música nunca es trágica, la música es alegría. Pero sucede necesariamente que nos dé ganas de morir, no tanto de felicidad como de morir felizmente, desaparecer. No porque despierte en nosotros un instinto de muerte, sino a causa de una dimensión específica de su agenciamiento sonoro, de su máquina sonora, el momento que hay que afrontar, en el que la tranversal se transforma en línea de abolición. Paz y exasperación. La música tiene sed de destrucción, todo tipo de destrucción, extinción, destrucción, dislocación. ¿No es ése su “fascismo” potencial? Pero cada vez que un músico escribe In memoriam, no se trata de un motivo de inspiración, ni de un recuerdo, sino, al contrario, de un devenir que no hace más que afrontar su propio peligro, sin perjuicio de caer para renacer: un devenir-niño, un devenir-mujer, un devenir animal, en tanto que son el contenido mismo de la música y van hasta la muerte”.

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    • Pablo Turnes dice:

      Diego, el texto es maravilloso, por supuesto. Y tu blog siempre ha funcionado como referente y a menudo como referencia. Encuentro en él un oasis de subjetividad que no siempre entiendo, pero que me fascina y me alegra – que no es poco -. En este archipiélago de potencias que son las redes blogueras, tu espacio siempre ha brillado, iluminando cada tanto algunos rincones como es este blog. Saludos, seguimos en las lecturas.

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