El Milagro de la Mujer Fea

¿Marcos Zapata?, El Milagro de la Mujer Fea o La Esposa Fea (Escuela de Cuzco, último tercio del siglo XVIII). Óleo sobre tela, marco de madera tallada y dorada con dos columnas salomónicas enredadas con vid y un ángel policromado en el coronamiento, 144 cm. x 116,5 cm. Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, Buenos Aires.
  • Algunas reflexiones sobre arte colonial realizadas por Pablo Makovsky en Apóstrofe me hicieron recordar un breve artículo publicado en la revista Papeles de Trabajo hace algunos años. Allí, me tuve que enfrentar a la tarea de analizar una obra colonial perteneciente a la colección del museo Isaac Fernández Blanco. El problema fue cómo hacerlo, ya que no contaba con herramientas previas como para entender una extraña obra que había llamado particularmente mi atención: El Milagro de la Mujer Fea. Esa extraña construcción secuencial incrustada en el mismo plano daba cuenta de una manera de leer propia de una sociedad más compleja de lo que a priori podría pensarse de la sociedad colonial andina. Había ahí un desafío, un enigma.
  • Mis indagaciones me ayudaron a establecer cierto marco temporal que hablaba de un desarrollo social complejo, con características particulares sumamente interesantes: el anonimato de las obras, su producción en talleres colectivos, los motivos de santería religiosa siempre rayanos en la herejía y la idolatría, los patrones iconográficos y representacionales, etc. Esto es importante porque rompe con los términos eurocéntricos de interpretación estética: no se trata de buscar un autor – muchas obras son atribuidas, pero es sólo una convención burocrática -, ni tampoco un registro simultáneo y coherente con los estilos peninsulares. Había un tráfico de símbolos y formas que eran reinterpretados en torno a las necesidades de aquel Cuzco colonial y que contenían una potencia política en los momentos inmediatamente previos a las rebeliones de Túpac Amaru y Túpac Katari.
  • Partiendo de una secuencia – ante mi ignorancia, me aferré a mis obsesiones – me pareció encontrar un relato otro dentro de ese marco impuesto: bajo el dorado de las columnas salomónicas, existía una sociedad dinámica que comenzaba a reclamarse para sí misma, reapropiándose de relatos marginales para hacer, literalmente, su propia historia.
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