Bilis Negra – Melancholia (2011), Lars von Trier

  • Melancholia es, entre tantas cosas posibles, un tratado sobre el hastío de existir. Esa imagen de Justine (Kirsten Dunst) vestida de novia, sentada sobre las sillas apiladas es de una extraña y magnífica irrealidad. Parece, como Alicia, oscilar entre ser gigante o partícula. Las dimensiones parecen distorsionadas, pero algo se escapa sin que podamos del todo definirlo. Es la derrota de una humanidad obsesionada con el rito y el dinero, con el deber ser. “Lo intenté”, dirá Justine. Von Trier, redobla la apuesta y exige la aniquilación.
  • El mundo que se termina es literalmente arrasado por la Melancolía, planeta sin rumbo. Es una definición poética y terrible de la tristeza: aquello que aplasta, que encadena y enloquece y, mientras dura, no tiene final. Como en La Carretera (John Hillcoat, 2009), se percibe esta renuncia a resistir, una humanidad fatigada, melancólica. En un caso, el film comienza cuando el mundo ya ha terminado; en otro, el mundo morirá inevitablemente. Sólo la hermana loca lo sabe de inmediato; la hermana cuerda – Claire –  también pero lo niega. Su unión determina el ciclo de cierre. Y el testamento es oscuro: no hay vida en otra parte, estamos solos de verdad. “La vida en la tierra es mala”, sentencia Justine. Después del choque, quedará el silencio del vacío como un cuerpo purgado de parásitos.
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2 pensamientos en “Bilis Negra – Melancholia (2011), Lars von Trier

  1. Ezequiel M. dice:

    Me parece que La carretera, basada en el impecable libro de McCarthy, tiene más de resistencia que de renuncia a resistir. El mundo ya se acabó, la oscuridad es absoluta, y sin embargo no usan las dos balas que les quedan.
    Una acotación al margen. Pero me pareció que, en verdad, aunque es un libro desolador, se trata de todo lo contrario.

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    • Pablo Turnes dice:

      Hola Ezequiel, sin duda la idea es transportar cierto traslado en los dos personajes. A lo que me refería era a esa sensación de humanidad vencida, que renuncia a ser humana – que es una construcción histórica – y se encuentra más cercana a su estado de naturaleza animal, con perversiones y bondades incluidas. De hecho, el final es también ambiguo: la postal del escape es un mar tan muerto como todo lo demás, pero aún así hay un grupo que sigue otro camino. En fin, eso, el hartazgo de ser humanos es una posibilidad que detecté en ambas obras. Saludos, y gracias por el comentario.

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