La muerte, esa irrealidad

Gerhard Richter, Ocho estudiantes de enfermería (1966). Óleo sobre tela, 8 paneles de 95 cm. x 70 cm c/u.
  • El artista alemán Gerhard Richter interviene sobre fotografías, borroneando las figuras que antes eran nítidas merced al registro fotográfico. En este caso, elige una compilación de los rostros de ocho estudiantes de enfermería quienes fueron asesinadas en sus cuartos por un desquiciado. No hay ninguna instancia de muerte, ya sea ex post facto o en el momento mismo e inmediato del acontecimiento. Aquí la muerte todavía no se ha hecho presente, sin embargo los rostros comienzan a desvanecerse, a perder lentamente sus rasgos antes nítidos, concretos, reales. Y es que al comprender qué les ha sucedido a esos rostros la obra cobra su sentido: estamos frente a la irrealidad de la muerte.
  • Richter no pretende acercarnos a esa irrealidad, sino que justamente señala el punto de alejamiento que sólo puede ser franqueado, a su vez, en la lejanía próxima del morir. Esos rostros ya no pertenecen a la realidad sino que han vuelto a la Nada, la que no nos puede revelar su ser porque, justamente, no es; es la parte faltante del ser que sólo será completado cuando el soporte animal cese en su existir. La sensación final es de vacío, de desazón. ¿Qué sentido tiene, después de todo, el morir al azar, ya sea en un accidente o a manos de alguien más? No es el hecho en sí mismo en lo que se debe buscar sentido, sino en el desgarramiento que se experimenta frente al hecho inevitable de la muerte
  •  El manejo de esa tristeza y ese desgarramiento indican la capacidad humana por hacerse cargo de su propia mortalidad y finitud. Es la creación de los mundos que habita  lo que logra sostenerlo y mantenerlo en ellos, que lo reconcilian con su animalidad humana. Entretanto, y afortunadamente, tenemos el arte para señalarle el camino.
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4 pensamientos en “La muerte, esa irrealidad

  1. Me pasa algo extraño con todo lo que escribí: me parece que cada breve texto (una de sus indudables virtudos), aunque de sesgo, involucra toda la cuestión estética. Hay, también, algo así como temas concéntricos en tus reflexiones. Una vez más -com en mi anterior comentario- se trata de la muerte y la belleza. Me quedé pensando en el punctum del que hablaba Barthes… Muy buen artículo, como siempre un placer leerte.

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    • Pablo Turnes dice:

      Hola Espectador, muchas gracias. Tengo la sensación que siempre estoy escribiendo sobre lo mismo, partiendo de diferentes cosas o a veces de las mismas. Diría que la intención – la percepción intuitiva – es que en algún punto las cosas se conectan, pero al mismo tiemp esa conexión tiene que ser construida para ser efectiva. Tal vez esto se vuelva demasiado espiralado, entonces es momento de alejarse y buscar en otro lado. Saludos, y gracias por pasar.

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      • En definitiva, todos escribimos siempre sobre lo mismo. Incluso cuando hacemos ficción. Quizás esa sea la característica más maravillosa que tiene el hecho de escribir, no? La que nos hace irremplazables en la conjunta tarea de construir sentido.
        Sería prematuro cambiar de rumbo, aunque siempre sea una opción.

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      • Pablo Turnes dice:

        Estamos de acuerdo. Entiendo el estilo y el sentido como manera de encontrar – construyéndola – una voz propia con la cual entenderse con los demás. Saludos.

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