Interiores

Alfredo Sánchez, Bettina (1981). Fotografía.
  • Al encontrarme con esta foto de Alfredo Sánchez vino a mí la imagen de La Joven de las Perlas de Vermeer, y en un sentido más amplio los retratos de los autores holandeses del siglo XVII. La entrada de la luz, el rostro joven vuelto hacia el que mira, la belleza melancólica; es decir una serie de patrones estéticos que estaban ya configurados en la memoria del arte occidental. Sin embargo, creí entender que esa lógica de interiores en el que los holandeses pintaron el naciente mundo de la vida privada burguesa servía a otro aspecto de lo que se estaba retratando/resguardando.
  • Es notable la persistencia del retrato fotográfico en Argentina – pienso también en Humberto Rivas -, especialmente los realizados durante la última dictadura. Creo entender que se trataba de hacer de esos interiores un espacio de cuidado de los cuerpos – vigilados y castigados por el exterior represivo -, una manera de poder intercambiar miradas que dijeran lo que era más riesgoso decir de otras maneras. En los rostros adolescentes de las fotos de Sánchez hay hastío, tristeza, bronca. Son los jóvenes los que devuelven la mirada entre el silencio vergonzante de un país oscuro.
  • El interior – el de la habitación, territorio de la adolescencia – ya no como retrato de una clase naciente sino como el espacio de resistencia que permanece fragmentado, archipiélagos subjetivos después del repliegue colectivo. En perspectiva, el 2001 supuso en buena parte la inversión de la ecuación: las luchas acumuladas durante los ´90 – donde el espacio interior se volvió complaciente, sumiso, cómplice – volcaron la construcción de los sujetos sociales a la calle, en las asambleas, en los grupos.
  • Me siento interrogado por esa mirada párvula, con luz de frente: ¿hemos hecho algo mejor que la bronca y el silencio? Quiero creer que aún estamos en eso.
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2 pensamientos en “Interiores

  1. Es cierto que la fotografía recuerda el cuadro La joven de las perlas; no sé por qué pero este tipo de descubrimientos produce cierto espontáneo regocijo. De todos modos, leyendo tu nota esa sensación se ve rápidamente opacada por la consciencia de que esa imagen remite a uno de los períodos más negros de nuestra historia.
    Hace poco estuve en Córdoba visitando un centro de detención clandestino, no recuerdo el nombre pero era muy cerca de la plaza principal .El lugar ha sido organizado fundamentalmente en base a fotos tomadas por los verdugos. El fuera de foco es espeluznante y los rostros… “hemos hecho algo mejor que la bronca y el silencio? Quiero creer que aún estamos en eso”.

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    • Pablo Turnes dice:

      Hola Espectador, yo creo que la belleza y la dureza de las imágenes de Fernández viene del contexto de producción, la dictadura. Son inseparables – aunque no sea necesariamente la intención del artista -. En cuanto a las fotos de los verdugos, ahí ya se juegan otras cosas. Con Azul Blaseotto dimos una charla en el ECUNHI, situado en la Ex-ESMA, reflexionando justamente sobre eso…y es sumamente duro, perturbador. La intención no es la belleza, sino el registro burocrático del exterminio. Como resultado irónico, son al mismo tiempo la prueba del crimen que se quiere borrar. Los documentos tampoco son neutros, de ahí que cabe preguntarse ¿cuándo una imagen se convierte en un documento? Los muertos nos siguen interrogando. Saludos, y gracias por pasar.

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