Copos

Arriba: Francisco Solano López y Héctor Oesterheld, El Eternauta (publicado en Hora Cero Semanal, 1957-1959). Editorial Frontera.
Abajo: Alberto Breccia y Héctor Oesterheld, El Eternauta (publicado en la revista Gente, números 201 a 216, mayo-septiembre de 1969). Editorial Atlántida.
  • En El Eternauta, los espacios y escenarios siempre fueron parte constituyente del mito: el traslado de la acción fantacientífica a lugares reconocibles de Buenos Aires, desde el centro a los suburbios. Sin embargo, mientras que en el caso de Solano López los rostros, las miradas, los rasgos eran delineados lo mejor posible para diferencias a los integrantes del grupo, en Breccia la oscuridad impenetrable que todo lo circunda hunde aquel mundo reconocible en las penumbras de la muerte y lo desconocido.
  • Un reclamo común de los lectores de Gente, en 1969 cuando la versión de Breccia fue publicada, apuntaba contra la imposibilidad de reconocer a los personajes, que parecen todos iguales. A Breccia le importaba menos ese reconocimiento – ya instalado por la primera y canonizada versión – que la desestructuración de ese mundo. Puede sintetizarse en lo siguiente: los copos de nieve van del pincel seco de Solano López, que los hace ganar densidad y volumen, a esos agujeros – ¿sellos? -, esos golpes que surcan los paneles de Breccia como una ráfaga de ametralladora que amenaza con romper el papel.
  • Esa diferencia era un testimonio de época – la radicalización acelerada de los grupos armados post-Cordobazo – que invadía lo que se suponía era una pequeña pausa en la revista de actualidad moderna y reaccionaria. Breccia transporta en sus copos los golpes que le estaba dando a la revista – literalmente -, un accionar de guerrilla de la recepción, según los términos de Umberto Eco. De ahí que fuera organizada la contraofensiva editorial: filtrando cartas hostiles, cuando no inventándolas. Al combate al interior de la historia se correspondía con el combate al interior mismo de Gente, entre los autores, los editores y un público progresivamente impaciente y descolocado.
  • Copos que deseaban romper la página, como Breccia rompía la historieta, sólo para salvarla.
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