La cultura popular como biopolítica (o sobre el Teorema de Moore)

Alan Moore,  John Totleben y Sam Parsons, Miracleman Nro. 16 (diciembre, 1989). Eclipse Comics.
  • La secuencia del orgasmo superheroico resume de manera brillante la posibilidad y la propuesta biopolítica de Moore: la mitología moderna está del lado de Eros, frente a la negación de la vida del Mercado. Traspasada la figura superheroica, llevado más allá de sus límites, devuelto a sí mismo, queda la posibilidad de transformar el mundo efectivamente. Los héroes han abolido el dinero, las armas y el trabajo – en términos capitalistas -, han derribado la Guerra Fría con un soplo divino, han terminado con el crimen verdadero, el del poder represivo. La gente celebra quemando en una gran pira todas sus películas, revistas, historietas; las fantasías ya no serán mediadas sino concretadas en la suma de las potencias colectivas.
  •  Moore – como Morrison – sostienen que todo el corpus de la cultura pop se adelanta a las posibilidades de lo (post)humano desde la construcción del ideal superheroico, con toda su bizarría – a pesar y gracias a ella -. La cultura pop es una guía a un futuro posible que se concreta en la lectura de un niño fascinado con la historieta que está leyendo, quien sin saberlo mira a través de esas viñetas como ventanas que se abren a las infinitas posibilidades de su potencia como cuerpo.
  •  El recorrido operado en Miracleman estrecha los límites mismos del formato hasta romperlo: se hacen cada vez más frecuentes las páginas dobles, la puesta en página se fragmenta, sube y baja en diagonales, se vuelve bella y caótica. El lenguaje de la historieta inventa y al mismo tiempo lucha por contener todo el poder involucrado en sus viñetas. Una reedición de esta obra es imprescindible – el Mercado, por ahora, la retacea -, ¿cómo sería reeditada? Todo un desafío para la graphic novel: reinstalar como un nodo disruptivo la belleza radical y subversiva de esas imágenes.
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4 pensamientos en “La cultura popular como biopolítica (o sobre el Teorema de Moore)

  1. Es posible ver también que la mitología moderna según Moore se inclina hacia el Eros en Watchmen, más precisamente en la escena de sexo que mantienen Nite Owl y Silk Spectre, quienes no habían podido consumar el placer un par de páginas antes, cuando eran Jon Osterman y Laurie Juspeczyk respectivamente. En esa leve perversión fetichista podemos advertir uno de los tópicos fundamentales de Moore con respecto al poder y sus dispositivos. Y por qué no, ahora que lo pienso, Ozymandias representa esa misma negación al Mercado a la que te referís, incluso a un nivel bastante llamativo: la certeza de su plan es tal, que Adrian Veidt no refunfuña ante la sugerencia de su gerente de marketing ante la nueva propuesta de villanos para su nueva línea de muñecos.

    Esta es la época que más me gusta de Moore: la época en la que estaba obsesionado con el poder. Y es ahí donde justamente establece sus mejores metáforas. En Miracleman, Swamp Thing, V for Vendetta, Watchmen y hasta los episodios de Superman a su cargo podemos ver extrapoladas su cosmogonía erótica y la fuerte contraposición de la figura del villano (o mejor dicho de El Otro).

    Muy buen post. Un abrazo.

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    • Pablo Turnes dice:

      Hola Renzo, es un gusto leer tus comentarios. Es cierto, la obra de Moore siempre está ligada a lo erótico de alguna manera. En Lost Girls esto es explícito, y más que en Gaiman – más cool – o Morrison – donde mucho no importa -. No me quiero meter con Watchmen porque es una obra que sigue siendo diseccionada y hay gente que lo puede hacer mejor que yo, pero en la última entrevista a Moore, él ha hablado sobre esta cuestión por la última movida de DC y las precuelas. En cuanto a los villanos…son villanos porque no pueden experimentar goce, sólo la destrucción, el dominio, etc. Gargunza, el villano de Miracleman, tuvo su primera experiencia sexual violando. Es irónico y triste que sea ahora el Mercado el que habla de violación de copyright, cuando ha humillado durante décadas a los creadores de esos personajes que sustentan al mainstream. En fin, nos seguimos leyendo, y a gozar. Desobediencia y felicidad. Saludos.

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      • Si, he leído esa entrevista y es increíble, aporta muchos datos interesantes que antes, para los que seguimos sus libros, eran motivo de especulación. Claro, con mi comentario yo me explayaba con Watchmen sólo por proponer un ejemplo, los alcances de lo erótico en su obra (y también particularmente el rol del concepto de lo femenino) es materia de un largo estudio ya que junto al poder, el erotismo en general y su relación con lo femenino en particular vemos que Moore siempre ha expuesto una suerte de caleidoscopio que en otros, tal como vos decís, no se presenta o se presenta de manera muy fragmentada y hasta secundaria. Y coincido bastante con el rol del villano que vos destacás, a lo cual agregaría que recordar a la figura contrapuesta de V, o la ominosa presencia de Seagull en todo el entramado secreto de las relaciones de poder en la Londres del From Hell o incluso los villanos de Promethea me hace pensar que es el hecho de salir derrotado de la lucha entre la satisfacción pulsional y un cierto mandato superyoico es lo que convierte a las personas en “villanas”. Quizá estoy siendo reduccionista, claro, pero siempre pensé que la idea del “mal” es no poder resolver ciertos temas que venimos acarreando desde lo profundo… da para mucho esto. Saludos.

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      • Pablo Turnes dice:

        La cuestión del villano – y del héroe también – funcionan como especie de arquetipos, pero con Moore nunca se sabe. Están presentes desde el Tao hasta Alister Crowley, de Hermes Trismegisto hasta Jung. Todo es posible. Lo que está claro es que no es una oposición moral, como lo es en origen. Pero Moore no niega esa base cuasi-fundamentalista – cuya contracara es Frank Miller, perdido para siempre en su paranoia fascista -, sino que la coloca como parte de un proceso de comprensión, un riesgo latente pero superado – o a superar -. Creo que mira con tristeza el devenir norteamericano, que sigue empecinado como un chico con sus ilusiones infantiles en loop. Después de todo, Inglaterra supo ser un imperio antes que los norteamericanos, y eso no viene gratis.

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