16 Bits (o la ética del mash up)

  • El artista visual venezolano Vic Baszt/Pérez construye puestas en escena con el mash-up como lógica, que puede entenderse como la continuación del collage por otros medios (digitales). La intención es subvertir, distorsionar, profundizar en base a la utilización reciclada de las imágenes pero no como mera acumulación, sino desde el otorgamiento de nuevos significados a esas imágenes por el mero hecho de compartir un mismo espacio-tiempo secuenciado.
  • El devenir residual de toda esa imaginería es recompuesta en la labor del chatarrero que trabajo no sólo desde el medio en sí, sino desde una memoria colectiva y común. Nuestro sustrato inconciente está definido por esas imágenes que ahora se nos devuelven desde una perspectiva distinta, dada por el inevitable paso del tiempo. Como Megaman, Mario Bros., Metroid, nosotros también hemos ido avanzado y retrocediendo hacia nuestro propio final de juego.
  • En retrospectiva, los videojuegos siempre plantearon desde formas secuenciales un ejercicio estético activo. ¿Cómo aproximarnos críticamente a ese objeto que nos ha conformado como sujetos de una sociedad global y particular a la vez? El family game, antecedido por la Atari, ha dado paso a la playstation. Cabe preguntarse, entonces, cómo dialogan esas prácticas como partes integrales de un corpus imagético más amplio y complejo.
  • Vic Baszt propone, a mi entender, exactamente eso: el constante rearmado de un rompecabezas que apenas ha empezado a ser delineado, que es infinito y cuyo juego consiste no en completarlo, sino en agregar cada vez más piezas para transformarlo en un camino. Un espejo que nos interpela desde su caos inocente – que no es tal -, una manera de ser/estar propio de sujetos urbanizados, educados en la disciplina y la docilidad, que buscan en sus fábulas postmodernas nuevas formas de resistir para ser mejores, compartiendo las piezas de su rompecabezas.
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2 pensamientos en “16 Bits (o la ética del mash up)

  1. Matías dice:

    Puf, impresionante. Concuerdo con tu reflexión y te agrego: lo que me mata del mash-up son sus múltiples velocidades (el avance, el corte, el retroceso, la repetición) que construyen un collage, sí, pero un collage rítmico. Ese ritmo es el nuestro: el del zapping, el del videoclip y el family (antes) o el del hipervínculo, el de los pop-up, el de youtube (ahora). El mash-up como estética pero también, como bien titulás, como ética: una ética acelerada, mutante, post-alfabética. Me voy a releer Bifo… Abrazo!

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    • Pablo Turnes dice:

      Esas velocidades son en principio represivas en su dinámica misma, por lo violento de su aceleración aturdidora. Pero al mismo tiempo, pasa eso que había dejado sorprendido a Benjamin: la posibilidad de rápida adaptación al flujo de imágenes, y por lo tanto la subversión de la corriente. Eco hablaba de guerrilla discursiva, Bifo creo que lo ha llevado aún más allá. ¡Relea, que viene bien! Hasta la próxima.

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