Muelle de llegada, punto de partida

La Jetee (Chris Marker, 1962) se nos presenta como un buen ejemplo de las transposiciones experimentadas en la década de 1960 entre los diferentes lenguajes artísticos, más o menos masivos. La idea es simple: un corto de menos de 30 minutos compuesto en base a fotogramas fijos con una voz en off que hace de guía. La historia – una ciencia ficción distorsionada, cercana a la ucronía/distopía social antes que científica -, sirvió de base para 12 Monos (Terry Gilliam, 1995). Sin embargo, lo interesante es cómo la técnica y el recurso dialogan con la historieta. Esto formaba parte de un movimiento más amplio, de cineastas y críticos franceses que supieron percibir en la historieta un lenguaje específico con recursos interesantes como para utilizar y a su vez repensar el lenguaje cinematográfico (Jean-Luc Goddard, Alain Resnais). En este caso, la sucesión de cuadros congelados, cuyo relato pasa del texto a la voz en off, y las diferentes estrategias narrativas propias de semejante dinámica: una narrativa circular, la iteración, la elipsis. Apenas una escena quiebra el congelamiento de las imágenes: un rostro de mujer despertando, lentamente, que a su vez remite al principio del cine. Los dos lenguajes hermanados y distanciados a su vez, como dos conocidos que transitan por vías paralelas que se entrecruzan y se separan, saludándose al reconocerse para luego seguir su propia viaje, confiados a un próximo e inevitable encuentro.

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